Cuenta Daniel Lacalle, considerado el 8vo economista más influyente del mundo, que la deuda global se elevaría a un récord de USD 277 B para fin de año llegando al 365% del PBI global. Sin embargo, la cifra de deuda total ya había alcanzado máximos históricos en 2019.

Obviamente, señala Lacalle, somos testigos en tiempo real de que las empresas se adaptan rápidamente y brindan mejores bienes y servicios a precios asequibles para todos, logrando un nivel de bienestar que sería impensable si los gobiernos estuvieran a cargo. Y la actual crisis muestra que el mundo desarrollado ha escapado del riesgo de escasez e hiperinflación gracias a un sector privado que ha superado las expectativas en una crisis que parecía insuperable.

Recordemos que inflación es la sobre oferta de dinero por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real, es decir, es una devaluación de la moneda por exceso de oferta. Por ello no se dispara en los mercados desarrollados a pesar del crecimiento exponencial de la deuda -que se traduce en exceso de emisión monetaria- gracias a que el sector privado sigue aumentando su productividad y, por ende, la demanda de dinero; y porque, ante la debacle global, muchos han buscado posicionarse líquidos en dólares, u otras monedas fuertes, demandando más efectivo.

Ahora bajemos a la Argentina. Muchos confunden aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) con inflación. A ver, para empezar el cálculo del IPC es totalmente arbitrario, depende de quién lo calcule y con qué métodos de hecho, hay diferentes estimaciones además de la del Indec y, para remate, ya en mayo Dan Kopf, como muchos analistas, advertía que el IPC -de EE.UU., en este caso- pretende medir el cambio en el costo de una canasta típica, pero la cuarentena cambió los hábitos de consumo, por caso, más delivery y menos retaurantes. “O sea que el IPC no refleja la realidad de la inflación”, concluye Kopf.

Ahora, lo que estas fórmulas miden es el aumento de una canasta testigo de productos, pero, eventualmente, esos productos pueden subir por razones ajenas a la inflación, por ejemplo, si por cualquier motivo se arruina la cosecha de trigo, escaseará y su precio aumentará, pero esto no debería incidir en el presupuesto familiar ya que, ante el aumento del trigo, simplemente se lo reemplaza por otro producto quedando el presupuesto inamovible.

Sí es cierto que existe una relación entre el IPC y la inflación porque, como esta implica una depreciación de la moneda, los productos tienden a cotizar a mayor cantidad de la moneda que vale menos.

Pero como los precios locales están interferidos con “precios cuidados”, subsidios y retrasados por la recesión, queda claro que el aumento del IPC no es buen reflejo de la inflación, siendo más explícita la suba del dólar blue que -aunque irónicamente está inflado por el gobierno al prohibir la compra del oficial- es el reflejo más puro de la depreciación del peso.

Entonces, es razonable el cálculo que hace el profesor Steve Hanke donde estima que la inflación interanual (i.a.) argentina es del 130,85%, tomando la Paridad de Poder Adquisitivo (PPP, por sus siglas en inglés) y el dólar blue:

 

 

En mayo escribí que la inflación en abril se había disparado fuerte y asomaba la hiper. Parecía una herejía, porque el Indec anunciaba, y todos le creían, que “la inflación” -la suba del IPC en rigor- de abril fue del 1,5%, la más baja en 30 meses, fuerte caída comparado con la de marzo del 3,3%, y cayendo en términos interanuales al 45,6%. Pero ese mes fue cuando el blue más se disparó, más del 40% desde $ 83,75 hasta 117,80 coincidiendo con la inflación que mide Hanke.       

Ahora, según las Normas Internacionales de Información Financiera, NIC 29 o IAS 29, un país tiene hiperinflación cuando supera el 100% acumulado en tres años, es decir, que aun con los cálculos del Indec, estaríamos teóricamente en hiperinflación, pero la inflación anual real según Hanke en abril rondó el 154%. Sin embargo, hoy la mayoría de los analistas considera que la hiperinflación se da cuando supera el 50% mensual. Y la verdad es que, cuando, escribí esa nota, no estaba seguro de que esto no ocurriría, pero sucedió que el gobierno, contrariamente, bajó el gasto en términos reales.

Hoy todos están asombrados de por qué no se dispara el blue si la “inflación” (la suba del IPC, en rigor) fue del 3,8% en octubre y va en aumento. Insisto, aumento del IPC no es la inflación y se dispara porque está atrasado -por las interferencias del gobierno que mencionamos- y se va naturalmente acomodando a la inflación. Por caso, hoy es más barato comprar un móvil importado en Argentina -al cambio oficial- que comprarlo en EE.UU. y pagarlo en dólares reales (blue): se gana comprándolo aquí y vendiéndolo en su origen. Y esto tiene patas cortas y se tiene que sincerar y hasta el BCRA lo reconoce en su último informe.

En cambio, el blue no se dispara porque tiene que ver directamente con la inflación -la depreciación del peso- que se desacelera. Es decir, la emisión monetaria cae a partir de que el gobierno viene cortando el gasto en términos reales, sino que pregunten a los jubilados.

Los críticos se asustan por la cantidad de billetes que se imprimen, hasta se importan, pero el de mayor denominación no llega a USD 6,5. Se estarían importando unos 570 M de billetes de $ 1000, pero eso equivale apenas a USD 3700 M o sea el 1% del PBI. Otro crítico se quejaba de que economía no recibiría más financiamiento del BCRA, con emisión monetaria, por Adelantos Transitorios, pero sí que por transferencia de utilidades en noviembre el BCRA emitió $ 30.000 M, pero eso equivale a USD 190 M o sea el 0,05% del PBI.

Por cierto, que baje el gasto y la inflación no quiere decir que la economía esté bien encaminada, todavía los indicadores son malos, las últimas mediciones del INDEC dan cuenta de un avance del nivel general de actividad del 1,9% en septiembre en relación con agosto, pero abajo 7% i.a. Y no hay indicios de que en octubre y noviembre la cosa mejore y esto tiene que ver con un Estado todavía demasiado represor, en cuanto a carga impositiva y regulaciones, de la actividad creativa de las personas.