Hay personas que son capaces de participar de la discusión pública y de instalar temas de relevancia sin necesidad de ir al choque, a la batalla cuerpo a cuerpo. No es habitual que periodistas que llevan puesta 24x7 la camisa del oficio puedan evitar el desgaste que implica ir detrás de la noticia, pelear por la exclusiva o estar horas y horas al aire; pero Hugo Alconada Mon desafía esa dinámica. La tarea resulta casi una proeza en la era de la sobreinformación, de los cada vez más veloces tiempos de cambio. Indagar, averiguar, profundizar: hacer ese periodismo académico, de calidad, que se sale de la lógica del minuto a minuto.

Alconada ejerce la profesión bajo una línea que le permite derribar muros y saltar grietas. Su actividad profesional, su trayectoria y su reconocimiento tienen en la coherencia y en la constancia dos pilares fundamentales de realización. Sobre esos valores se construye una carrera de investigaciones que perturban al poder, como Wikileaks o Panamá Papers: “No puedo pretender un beso, un abrazo y una flor como respuesta”, cuenta tras haber recibido un fuerte mensaje desde la presidencia de Alberto Fernández en el primer mes de Gobierno.

Alconada evita sugerencias a las autoridades pero plantea inquietudes, cómo por ejemplo “¿cómo llevamos al país al siglo XXI sin dejar a nadie atrás?” o cómo satisfacer las necesidades concretas y reales en el país de las oportunidades y de los dolores de cabeza. En “Pausa”, su nuevo libro, entrevista a 25 referentes mundiales con un hilo conductor: la vida de la humanidad en la pospandemia. “Fue como viajar sin salir de mi casa”, describe. A continuación, la entrevista completa. 

Data Clave: El periodismo se encontró este año con el desafío de cubrir algo absolutamente desconocido, intangible, impredecible: ¿Creés que el trabajo de informar de forma responsable, de contar la pandemia y de tratar la información estuvo a la altura de las circunstancias en nuestro país? 

Hugo Alconada Mon: Es difícil dar una respuesta general. Creo que algunas coberturas fueron estupendas, con abordajes multidisciplinarios, con datos precisos, apoyadas en datos duros… y otras coberturas que dejaron mucho que desear, con miradas sesgadas, cortoplacistas o tremendistas. Como también nos pasa en la cobertura política, a veces somos más parte del problema que de la solución.

DC: ¿Cuáles considerás que son las materias que deberían atender las autoridades argentinas?

HAM: No soy quién para sugerirle algo a las autoridades. No tengo los conocimientos ni la experiencia para decirle qué debe hacer a un Gobierno, sea nacional, provincial o municipal. Sólo puedo plantear una pregunta, apoyado en las respuestas que acumulé durante los últimos siete meses de muchas de las mentes más brillantes del planeta: ¿Cómo llevamos al país al siglo XXI sin dejar a nadie atrás? De ese interrogante surgen otras preguntas: ¿Nuestro sistema educativo se adapta a las necesidades contemporáneas? ¿Los egresados de nuestras universidades y colegios secundarios satisfacen las necesidades concretas, reales, que hay en el país? Y vinculado a esto, ¿resulta fácil generar empleo en la Argentina? ¿La carga tributaria y el sistema regulatorio simplifica o complica la atracción de capitales? Si alguien quiere abrir hoy un local en cualquier punto del país, ¿los trámites burocráticos simplifican o complican esa generación de empleo?

DC: ¿Crees que el debate público en la coyuntura nacional está acertando el foco de discusión? 

HAM: Prefiero no generalizar. Conozco a muchos dirigentes políticos, empresariales, académicos, religiosos, periodísticos y sindicales, entre otros, que promueven un debate de ideas y soluciones para el enorme que desafío que afronta hoy la Argentina… y conozco muchos otros que solo piensan en cómo sacar la “ventajita” del día.

DC: ¿Cuál es tu mirada sobre los observatorios de medios y de contenidos en las redes sociales? 

HAM: Prefiero ser cauto y esperar. Hay muchas ideas que en la teoría son buenísimas y en la práctica resultan temibles. Si la premisa es desarrollar un observatorio que alerte a los ciudadanos sobre las “fake news” que circulan por las redes sociales y por las plataformas digitales como WhatsApp o Telegram, y su trabajo es apolítico, apartidario, neutro e imparcial, ¿qué problema hay? Llegado el caso, complementaría el muy buen trabajo que ya desarrollan algunos portales como Chequeado. Por el contrario, si el observatorio termina siendo una remake de “678”, será algo tan peligroso como patético. ¿De verdad el Estado destinaría fondos a algo así en momentos en que necesita cada centavo de las arcas públicas para reactivar el país y sacar a millones de la pobreza? Pero insisto, prefiero esperar y ver cómo funciona.

DC: En diciembre de 2019 Alberto Fernández dirigió un mensaje hacia vos a raíz de una investigación que habías publicado. ¿Qué sentiste en ese momento? A la distancia, ¿qué visión tenés luego de haber atravesado esos hechos?

HAM: En términos futbolísticos, el entonces Presidente electo quiso marcar la cancha. Y mi investigación le vino genial para eso. Lo tomo como gajes del oficio. Si investigo no puedo pretender un beso, un abrazo y una flor como respuesta. Pero lo que muchos no saben es que en los días que siguieron a su comentario público, en silencio corrigieron lo que yo había revelado que ocurría en Bahía Blanca. Ese abogado que invocaba al Presidente electo y prometía soluciones, renunció a la defensa de uno de los empresarios bahienses procesados por emitir facturas truchas e integrar una presunta asociación ilícita fiscal destinada a facilitar el lavado de activos de Lázaro Báez.

DC: Muchas personas plantean que vivir en la Argentina de hoy genera incertidumbre y complica la realización, la estabilidad a largo plazo y la proyección. ¿Coincidís? ¿Qué notás de diferente con otras culturas, sociedades e idiosincrasias de la región y del mundo?

HAM: Como me dijo una vez un empresario estadounidense: lo único previsible de la Argentina es que es imprevisible. El país ofrece infinidad de oportunidades, pero también de dolores de cabeza. Ejemplo: ¿Cómo podemos pretender que vengan inversiones extranjeras cuando no logramos permanecer un año sin cambiar las reglas tributarias, previsionales y laborales en un contexto inflacionario? ¡Resulta imposible calcular cuánto dinero necesitas invertir y cuánto tiempo tomará recuperar la inversión! De hecho, si hoy vas al supermercado, ni siquiera podés estimar con certeza cuánto vas a gastar. Sólo tenés una certeza: saldrá más caro que la semana pasada. Por supuesto que la pandemia lo complicó todo. Hoy no sabemos cuándo volverán los estudiantes a las aulas, quienes viven del turismo tampoco saben si tendrán temporada de verano, y quienes trabajan en una larguísima lista de rubros tampoco saben de qué vivirán. Es cierto. Y es fruto de esta pandemia cuyo final es incierto. Pero en ese contexto tan complejo, los gobernantes deben ofrecer la mayor certidumbre que les sea posible. Pero, ¿es así?  

DC: En tu nuevo libro, “Pausa” entrevistás a 25 figuras globales y abordás esta etapa de la humanidad desde otra perspectiva. ¿Qué te llevó a encarar el proyecto y cómo estás viviendo la experiencia? 

HAM: En lo coyuntural, encaré este proyecto para aportar algo que pudiera resultarle valioso al diario LA NACIÓN en plena cuarentena. Pero mirando más allá de esa respuesta, propuse esas entrevistas porque buscaba respuestas en momentos en que sobraban –y aún sobran- las preguntas. Y escuchar a estos hombres y mujeres de Europa, Asia, Medio Oriente, Oceanía, África y América resultó un verdadero aprendizaje. Me abrieron ventanas a temas, ideas, propuestas, corrientes de pensamiento, libros, películas, miradas y tanto más que nunca había escuchado antes o no había prestado la debida atención… Fue como viajar sin salir de mi casa. ¡No te imaginás la cantidad de veces que me quedé sentado tras concluir una entrevista, tratando de asimilar lo que había escuchado durante 20, 25 minutos! ¡Fue como recibir clases particulares de historia, literatura, política, psicología, medicina, economía, filosofía, educación, trabajo, derechos humanos, arte y deportes por los mejores del planeta! ¡Un lujo!

DC: ¿Crees que el periodismo debe darse más tiempo a la hora de profundizar en el trabajo de contar historias?

HAM: En un mundo ideal, sí. Pero en la práctica es difícil porque corremos detrás de las noticias de último momento mientras competimos con colegas de otros medios por la primicia en un contexto complicado en que las empresas periodísticas recortan presupuesto y reducen sus redacciones. La teoría es hermosa y todos la conocemos: “Debemos apostar por el periodismo de calidad”, escuchamos desde que estábamos en la Universidad. Llevarlo a la práctica es el desafío. Y es muy, muy frustrante, además, cuando publicas un texto sobre un tema de relevancia pública al que le dedicaste mucho tiempo, energía y esfuerzo y ves que es menos leído que, por ejemplo, el escandalete del día de la farándula. Aún así, hay muchísimos colegas, hombres y mujeres en todo el país, cuyo trabajo periodístico es admirable. Me quedo con eso.

 

Hugo Alconada Mon es abogado; magíster por la Universidad de Navarra, visiting scholar en la Universidad de Missouri; becario de la Universidad de Stanford y becario Eisenhower y de las Naciones Unidas (ONU). En 2002 ingresó en el diario La Nación, y entre 2005 y 2009 fue su corresponsal en Estados Unidos. En la actualidad se desempeña como prosecretario de Redacción, es columnista del New York Times en español, es maestro de la Fundación Gabo, profesor de cursos de posgrado de Columbia University y miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo.
Ganador de múltiples premios nacionales e internacionales, participó en los Wikileaks y los Panamá Papers, entre otras investigaciones globales.