Las estadísticas de las últimas semanas pusieron a la Argentina entre los países con más contagios de coronavirus desde que empezó la pandemia y con más muertes por día por millón de habitantes. Además, el informe de este lunes notificó que el país ha cruzado una barrera simbólicamente muy importante: la del millón de casos. 

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El número genera todo tipo de reacciones a nivel político y social. Los expertos que asesoran al gobierno de Alberto Fernández admiten que es alto y que no era esperable que a esta altura se llegara hasta ese punto. Asimismo, asumen el aumento de la mortalidad y creen que la lección aprendida es que se debió testear más.

El sitio Our World in Data lleva un relevamiento de variables fundamentales a la hora de entender la realidad epidemiológica en los distintos países. Aunque en cada territorio las manifestaciones del virus son diferentes, en promedio en los últimos siete días la Argentina es el país con más fallecimientos por millón de habitantes y hace cinco semanas no baja del podio. Epidemiólogos sostienen que sin embargo, el país sigue dentro de los márgenes de mortalidad lógicos si se observa la curva de casos en relación con la cantidad de víctimas a causa de la enfermedad. La Argentina suma 1.002.662 casos totales, 26.716 muertes y 590 fallecidos por millón de habitantes.

Según Luis Cámera, médico miembro del Comité de asesores del Ejecutivo, “pensamos que recién al final de la pandemia podíamos tener este número, pero no en este momento”. Sin embargo, advierte que algunos recortes de la realidad se tornan reduccionistas: “los países van subiendo y bajando en los rankings todo el tiempo”, sostiene. Cámera cree que la cuarentena logró frenar la velocidad de los casos, la cantidad de muertes y evitar escenarios peores, como el colapso de los sistemas sanitarios y el control de la circulación del virus en los barrios populares: “Ahora se contagia la clase media y los que no viven en esos barrios, por eso ahora empezaron a aparecer tantos famosos infectados”, dice.

La explicación del número tiene múltiples razones, pero Cámera pide encontrarlas en la Argentina y no en comparaciones con otros países: “Los datos de España, Francia y Gran Bretaña no se saben, no entiendo por qué no se habla de eso”, plantea, y se refiere al fenómeno conocido como exceso de mortalidad. Cree que en cada continente el virus tiene una característica puntual, que “en América no hay una epidemia pico, sino una epidemia prolongada” y que hay que diferenciar las condiciones sociosanitarias ya que en Latinoamérica hay mucha población que no pudo hacer cuarentena por “el hacinamiento, la poca disponibilidad de agua y el compartir cocinas y baños”.

Por estas horas, la preocupación del gobierno pasa por el interior del país. El área metropolitana mantiene un nivel de casos alto pero estable y quienes están cerca de los funcionarios plantean que esa expansión “fue como una gambeta del virus”. En algunos municipios y provincias durante meses no hubo circulación viral y sin embargo había férreas restricciones. Allí radica una de las críticas del ciudadano común: mientras el foco principal estaba en AMBA, muchas provincias y municipios sin casos se cerraron y ahora que el covid-19 se esparce por el interior deben volver a restringir en medio de un hartazgo social creciente y una fuerte crisis económica. El manejo del grifo está puesto bajo la lupa.

El Gobierno tomó la decisión política de que haya temporada de verano pese a que los contagios no ceden y frente a resistencias. El turístico fue uno de los sectores más golpeados por la cuarentena. De hecho, el gobernador de la Provincia Axel Kicillof brindó detalles este lunes de cómo ser llevará a cabo. Los infectólogos creen que no habrá un segundo rebrote pero sí una prolongación de lo que se está viendo estos días, un sostenimiento de la primera ola. Desde el ministerio de Salud bonaerense confirman que “si no hay vacuna los casos van a seguir igual que ahora”, mientras que los asesores del Gobierno temen que haya una disparada a raíz del crecimiento de la circulación: habrá más turismo interno por la economía y por los incentivos y el flujo de personas hacia los principales destinos será más caudaloso. “La gente con las flexibilizaciones cree que vuelve al mundo anterior”, plantean. En tanto, el infectólogo Eduardo López dice que “el calor disminuye la viabilidad del virus” y explica que “en Europa el segundo brote fue en otoño pese a que los desbordes fueron en el verano”. Aunque advierte que “si en la Costa hay protocolos light, vamos a tener problemas”. Y pide a las autoridades más persuasión para reforzar el mensaje en la población.

López cree que pese a que hoy se llegará al millón  de positivos, “esto no va a bajar”. En cuanto a las comparaciones, pide mirar el número total de muertes y no las reportadas diariamente: “Estamos dentro de la tasa de mortalidad mundial”, dice. Admite que la lección aprendida es que se debió testear más y destaca que desde Presidencia se está destinando un presupuesto de $10 mil millones para extender el Detectar al interior del país y no solo ir atrás de los sintomáticos, algo que venían planteando los críticos a la política sanitaria del Gobierno.

En la Provincia de Buenos Aires dicen que “que no haya colapsado el Conurbano es un milagro” aunque hacen hincapié en el fortalecimiento del sistema de salud, defendiendo las medidas aplicadas. Señalan que “los números son los que pensamos que íbamos a tener” y que "a Gollán lo denominaron Dr. Muerte por decir que si se abría, los casos iban a crecer y las muertes iban a aumentar y fue lo que finalmente pasó". Destacan no haber llegado a la saturación “como en Brasil, Chile o España” y se paran en una sintonía similar a la de los asesores del Presidente: que el impacto del virus en Europa fue más abrupto, que hubo más temor de la población porque la cantidad de muertes se dio en un plazo más acotado y que también hubo más respeto en general por las medidas en los momentos más álgidos.

Asimismo, los infectólogos encuentran razones socioeconómicas para explicar la situación de estos días en el país: la mayoría de los estados europeos donde la pandemia arrasó tuvieron un colchón, un respaldo a la fuerte crisis económica que se produjo en el mundo en general. Y buena parte de esos ciudadanos pudo hacer un confinamiento más razonable y que no afectara la misma subsistencia, algo que sí ocurrió en la Argentina con casi la mitad de la población en la pobreza o en la indigencia que se vio en muchos casos obligada a salir del aislamiento o incluso viviendo en lugares donde el aislamiento nunca fue posible. “Los países ricos terminarían la pandemia en 2021, y los pobres en 2022. El año que viene vamos a pelear todo el año contra el virus”, alertan.

En marzo la cuarentena tuvo un consenso generalizado que llevó la imagen del presidente desde los 50 puntos a los 60 en mayo, según números con los que trabajó la consultora D´Alessio IROL, cuenta Sergio Berensztein. “A partir de mayo esto empezó a bajar”, cuenta. Cree que la gente se acostumbró a vivir con la pandemia y que allí la cuestión sanitaria pasó a un segundo plano. “La gente conoce más gente que se contagia y se cura que la que se contagia y se muere”, analiza. Además, la economía, el desempleo y “la sensación de que no alcanza la plata” influyeron, sumadas a “una percepción de radicalización” por parte del gobierno de Alberto Fernández.

La Argentina superó el millón de casos pese a una cuarentena estricta, temprana y a restricciones sanitarias que aún se sostienen. La explicación es multifactorial y las interpretaciones siguen partiendo de la base de miradas que muchas veces están atravesadas por la política. Lo concreto es que el país sube en los rankings, los contagios y las muertes no bajan y se está por ingresar a una temporada de verano atípica, donde la conciencia social y los protocolos serán fundamentales: el virus seguirá circulando según la perspectiva de los expertos, pero la pandemia según consultores bajó de escalón entre las prioridades de los ciudadanos.

Mientras tanto, según analistas políticos, la imagen del presidente cayó respecto de los primeros meses y quienes lo asesoran volverán a pedir reforzar el mensaje ante una población que, por necesidad o por descreimiento, volvió a salir a las calles y parece ser menos permeable a los comunicados de las autoridades. El cómo llegamos hasta acá, la pregunta que muchas personas se hacen, tiene algunas respuestas y una dosis de autocrítica. El hacia dónde vamos parece estar un poco menos claro. 

19-10-20-reporte-vespertino... by Mariano Espina