El pianista, compositor y arreglador Ignacio Montoya Carlotto se hizo conocido en todo el país cuando el 5 de agosto de 2014 se confirmó en una conferencia de prensa que la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, había encontrado a su nieto. Él dice no haber vivido ese momento "con el nivel de alegría que se vivió para afuera", ni como un cuento con final feliz, porque para él es una historia "muy compleja".

Desde ese entonces, "fueron años súper intensos" y "muy difíciles". En el 2016 nació su hija, Lola, en lo que considera el "acontecimiento más importante" de su vida que le "dio vuelta la cabeza". Los sentimientos y experiencias que transitó durante estos seis años lo llevaron a crear "Inocencia repetida", el segundo disco de su septeto, que presentará esta noche a las 21 en vivo desde su estudio, en el marco del XIV Festival Cervantino de Azul. Será transmitido por las cuentas de YouTube, Facebook e Instagram del evento. El álbum cuenta con 11 canciones de su autoría y está disponible en las plataformas digitales.

 

Data Clave: - ¿Cómo se gestó tu nuevo disco?

Ignacio Montoya Carlotto: - Este disco es el segundo de mi septeto, que es como mi nave insignia donde convergen todas las cosas que me gustan. Siento que ahí puede entrar casi todo lo que quiero que suene. En el 2015 grabamos el primer disco y a partir de eso ya empezó la gestación de las canciones nuevas. Ya empecé a necesitar contar otras cosas y fue un poco de eso. En alguna medida las 11 canciones que están en el disco son un poco lo que fui viviendo de 2014 para acá. Fue todo ese tránsito. Empezamos a hacer una mudanza de piel muy lenta. Tocábamos el repertorio de siempre e iba apareciendo una canción nueva. Llegó un momento, el año pasado en Paraná, que nos dimos cuenta que habíamos tocado todas canciones nuevas y ya empezó la idea de grabarlo. Todo lo que está en el disco está grabado en la segunda toma como mucho y todo en vivo.

 

DC: - ¿Por qué elegiste el nombre "Inocencia Repetida"?

IMC: - Estuve como dos meses para ponerle nombre. Me pasaron dos cosas. Una, que cuando escuché el máster me gustó tanto que me dio mucho miedo ver qué iba a pasar con ese disco. Una vez que lo lanzás, lo largás al mundo y ya no es más tuyo, en alguna medida. Y después que no encontraba nombre. Sabía que tenía que ver con la niñez, porque había un par de temas dedicados a mi hija. Tenía que narrar de alguna manera todo esto que había pasado conmigo en estos últimos años. Quería que fuera simple, pero que pegara. Apareció el concepto de niñez, que para mí representaba la inocencia y se armó, casi sin querer, esa especie de oxímoron. La inocencia en realidad no se repite y uno cuando la pierde ya está, pero la empezás a ver en los demás. En mi caso, en mi hija. 

 

DC: - ¿En qué aspectos te modificó la llegada de Lola?

IMC: - Fue el acontecimiento más importante de mi vida, sin mucha duda. Te da vuelta la cabeza. No me imaginaba en este rol y a su vez ya no me imagino sin estar en este rol. Te pone en otro lado de la cadena. Venía de ser hijo, nieto, estar como en la punta y ahora como padre estás más adentro de la línea.

 

DC: - ¿Qué nos podés contar del concierto de esta noche?

IMC: - Se va a transmitir desde el estudio que tengo en mi casa. Azul es ciudad Cervantina debido la cantidad de ejemplares muy antiguos que tienen de Cervantes. Nos han convocado para partcipar. Nos cayó muy bien y como anillo al dedo, porque es la posibilidad o la excusa de poder presentar el disco.

 

Foto: Anabela Gilardone
Foto: Anabela Gilardone

 

DC: - ¿Cómo resumirías estos últimos años de tu vida?

IMC: - Fueron años súper intensos, demasiado, en los que todo se potenció a niveles que no había pensado. Muy duros, muy difíciles, por diferentes circunstancias. Que aparezcan las canciones, en mi caso, es que tal vez algunas las cosas ya están sanando y a seguir el camino.

 

DC: - ¿Resignificando?

IMC: - Sí, y a su vez aprendiendo a dejar atrás, a olvidar cosas. Resignificando obviamente porque hay un montón de cosas que uno no se pone a repensar, sobre todo con el tema de la paternidad, pero sí, fueron bastante movidos, que no se los deseo a nadie.

 

DC: - ¿En algún momento te arrepentiste?

IMC: - Se dio. Tenía que ser así. Fue así y ya está. Esto no es una historia con un final feliz, ni muchísimo menos. Es muy compleja, pero pasó y está bien que haya pasado. Uno puede hacer ese juego de pensar qué hubiera sido de mi vida si no hubiera pasado esto, pero a mí no se me ocurre pensar qué hubiera pasado si no me hubiera encontrado con la familia, si no hubiera pasado todo este desastre. No sé si es porque lo tengo muy asumido o porque en algún lugar mi ser, mi alma estaba preparada para eso. Nunca lo viví con el nivel de alegría que se vivió para afuera. La alegría corresponde a terceros.

 

DC: - Hace poco fue el cumpleaños de 90 años de tu abuela Estela. ¿Pudieron celebrarlo?

IMC: - Pudimos celebrarlo en estas circunstancias por videollamada. Hicimos un "zoompleaños". Me hubiera encantado estar. Todos los años nos juntamos en La Plata y se hace una fiesta. Ahora no se pudo, pero ya se va a hacer. Tengo una buena relación que tiene que ver con el deseo de ambos y a su vez con muchísima paciencia. Es una relación muy compleja. Ahora estamos en el mejor momento podríamos decir, pero fue muy compleja.

 

DC: - Al principio, más que nada…

IMC: - Sí, tomó tiempo a que arrancara la cosa. Había que entender muchas cosas por ambos lados.

 

DC: - ¿A tu hija ya la conoció?

IMC: - ¡Por supuesto! Tienen una relación especial, que no se puede creer. Está muy presente con Lola. Ella está haciendo con Lola lo que no pudo hacer conmigo en realidad, malcriarla, estar con ella. Tienen una relación increíble, que a mí me encanta. Lola no vivió nada del quilombo que yo tuve que vivir. ¡Por suerte! Para ella es su bisabuela y está todo bien.

 

Foto: Anabela Gilardone
Foto: Anabela Gilardone

 

DC: - ¿Qué opinás sobre la situación actual del país?

IMC: - Está complicada, por la pandemia y todo lo demás. Viste que al principio de la cuarentena, los primeros 15 días, parecía que íbamos a ser todos amigos y que todos juntos íbamos a pelear. Eso duró poco y después lo que hizo fue reverdecer todas las grietas, las idas y vueltas, que hace que Argentina, a veces, se ponga un poco cansadora. Esa ciclotimia, que todo se discuta. Ante cualquier cosa, el argentino promedio, entre el cual también me encuentro, tenemos que hacer una puesta de valor y una toma de posición moral y ética. La verdad, es un poco cansador. Esperemos que podamos sacarnos de encima la pandemia, como para poder estar un poco más aliviados.

 

DC: - Te tentaron desde muchos espacios para participar en política, ¿por qué no aceptaste?

IMC: - Al principio, en 2014, por todos lados me propusieron. Pensar que un personaje porque mide bien en las encuestas y tiene aceptación del público es apto para la función pública hace que se cometan terribles errores. Casi nunca salen bien esas cosas.

 

DC: - ¿No te interesa?

IMC: - No, y si me hubiera interesado, tendría que haberme formado en eso. Esto fue cuando llegué a las noticias o la noticia llegó a mí. Ya tenía bastante claro qué quería hacer y cómo y tenía bastante resuelta mi situación laboral. Ya sabía lo que quería hacer de mi vida, al menos en mi profesión. Pero si hubiera querido, me tendría que haber formado en política. Es una formación larga y de muchos años. No soy de los que creen mucho en los outsiders de la política, porque terminan teniendo los mismos vicios en menos tiempo, con muchísimos menos recursos positivos. No voy en contra de la renovación, se tiene que renovar, pero los medios están dentro de la política. 

 

DC: - Colaboraste con grandes músicos, ¿con quién te gustaría trabajar?

IMC: - Me di unos cuantos gustos y me siento bien con eso. Como me autopercibo compositor, en realidad, necesito de los intérpretes para hacer la música que se me ocurre. Como estoy tan cómodo con los músicos que estoy hoy, no tengo la necesidad de decir "qué bueno, me gustaría tocar con alguien". Pero... si abrimos la canilla de soñar, me encantaría tocar con Sting o Paul McCartney, pero por soñar nomás.