Un hombre con la Camiseta de River llora desconsolado, lo abraza otro hombre, hincha de Boca y a la escena llegar un tercero, también del Xeneize. Aquí no existe el Superclásico, no existe el descenso, ni Madrid. Aquí sólo hay sitio para el dolor que les es común y humano a todos los que están en los alrededores de la Plaza de Mayo, en la explanada de la Casa Rosada, dentro del Salón Pueblos Originarios o en cualquier rincón de este país y del mundo.
 

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Un hombre, con una camiseta con el dorsal 27 que no se alcanza a apreciar de cual de todos los equipos del planeta fútbol es, está parado frente a la bandera argentina que está a media asta. Es muy temprano y ya hay una multitud. El único propósito de este hombre es hacer ondear una bandera gigante de la Argentina con la cara del "10". Lo hará durante varios minutos. Está parado sobre una imagen pintada de Diego a los pies del mástil. Hoy, la Casa Rosada, la Plaza de Mayo, Buenos Aires y la Argentina son República Maradona.

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Afuera la gente levanta banderas, pósters, cuenta historias de su vida, de las vida de sus padres, de la vida de sus hijos, de las vidas que, en definitiva, tocó Diego Maradona. Uno saca una guitarra y sale una versión de "La Mano de Dios", a capella y con la voz quebrada. Todos quieren estar presentes en el último ad10s a Diego Maradona, que ha desaparecido físicamente, pero nunca lo hará en la memoria y en el corazón del pueblo. 

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El de la bandera, la primera gran imagen del día.

 

 

Esta es la cantidad de gente que se acercó temprano a la mañana.

 

 

Este hincha de River le pidió perdón a Diego "por haberlo insultado".

 

 

Este hincha de Racing dice "yo no quería ser Batman, ni Superman, quería ser Maradona".

 

 

Aplausos y campanadas a las 10 de la mañana.

 

 

La fila desde el aire.

 

 

Más de la multitud que quiere ingresar a darle a Diego el último adiós.

 

 

"Esto lo hace Diego nada más", dice un hincha de River al lado de uno de Boca.

 

 

Y, por supuesto, se entonó "La Mano de Dios" a capella.