La decisión del Presidente Alberto Fernández de cerrar las escuelas durante dos semanas causó un gran impacto en la sociedad argentina. Sucede que horas antes el propio ministro de Salud, Nicolás Trotta, había asegurado que continuarían las clases presenciales.

La idea de volver a las aulas fue un reclamo de la oposición pero también mayoritario en la sociedad, sobre todo en aquellas familias con chicos en edad escolar. Pero más allá de las percepciones personales, existen datos duros que echan luz sobre la problemática que atraviesa la educación en medio de la pandemia del coronavirus.

Bajo el lema #ALasAulas, más de 200 mil ciudadanos y 130 organizaciones de la sociedad civil solicitan que se revise la restricción de cerrar las escuelas en el AMBA a partir del lunes. Se trata de una campaña que surgió a fines del 2020 con el pedido de la vuelta a la presencialidad en las escuelas.

En este sentido, las premisas fundamentales del colectivo son que se priorice la educación, que la presencialidad sea la regla y que exista un plan para cada lugar, para cada situación y para cada momento.

Por este motivo, exigen que las escuelas “sean lo último en cerrar y lo primero en abrir, que no se cierren escuelas sin que haya evidencia concluyente que avale la decisión, y que si finalmente se realizan restricciones, sean en la menor escala posible (idealmente por escuela), de manera progresiva y por tiempo determinado”. 

Para respaldar su pedido, las organizaciones apuntan que “según datos oficiales relevados por el Ministerio de Educación nacional en la plataforma oficial Cuidar Escuelas y difundidos la semana pasada, solo el 1,03% de directivos, docentes y auxiliares se contagiaron de COVID-19 desde que se retomó la asistencia presencial en sus escuelas. Entre los estudiantes con clases presenciales, el porcentaje de casos positivos es 0,16%”.

“Hay que tomar conciencia de la gravedad de la situación, de los costos que la falta de presencialidad tiene para los estudiantes. La evidencia es contundente sobre este punto. Aunque comprendemos que la situación es delicada, nos parece fundamental agotar todas las posibilidades antes de disponer el cierre de una escuela. En su momento apoyamos la decisión de los ministros de hacer posible el regreso a las aulas en marzo. Ahora atravesamos un momento bisagra: es fundamental que sigamos priorizando la educación. Estamos realmente frente a una emergencia educativa y, como siempre, los que más pierden son los estudiantes de contextos vulnerables”, indica Ignacio Ibarzábal, director de Argentinos por la Educación, una de las organizaciones que impulsa la campaña.

Asimismo, entre las organizaciones participantes, prima una gran preocupación por el dramático aumento del abandono a causa del cierre de las escuelas. Aunque no hay información certera, estimaciones realizadas por Agustín Claus, investigador de FLACSO, indican que más de 1,5 millones de estudiantes están en riesgo de desvinculación del sistema educativo. Esto implica que el abandono podría triplicarse a raíz de la pandemia. 

Por su parte, el profesor de la Universidad Di Tella, Mariano Narodowski, sostiene: “es inaceptable que la presencialidad escolar se fomente a la mañana y se suspenda a la noche malogrando los acuerdos públicos por priorizarla entre el Presidente, el Ministerio de Educación nacional y los provinciales. Este acuerdo no puede ser vulnerado en forma unilateral y, si hubiera que volver a la educación remota, tiene que ser en forma previsible y con el mismo consenso con el que se llegó al acuerdo”. 

Por último, la directora ejecutiva de Enseña por Argentina, Magdalena Fernández Lemos, indica: “Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de aprender de lo que sucedió el año pasado. La educación debe ser una prioridad y, entre otras cosas, eso hoy significa que las decisiones se construyan desde la evidencia y desde el diálogo. Cuidarnos es cumplir con todas las medidas y precauciones, pero también es prepararnos para poder hacerlo. Por eso, es fundamental que logremos planes claros, progresivos y consensuados”.
 

Informes y encuestas avalan el pedido de reabrir las escuelas

En la misma línea, desde la organización Eco Educativo realizaron un extenso informe que analiza el proceso del sistema educativo nacional desde la suspensión de la presencialidad a mediados de marzo del 2020 hasta llegar a la actualidad, con el sistema mixto, con burbujas presenciales y el sostén de la virtualidad.

“Según datos oficiales de la Evaluación Nacional del Proceso de Continuidad Pedagógica el uso de esos recursos fue muy bajo. El 28% de los hogares encuestados reportan la utilización de los cuadernillos Seguimos Educando en papel para realizar tareas o actividades escolares. En el nivel secundario, menos del 20% de los docentes utilizó los cuadernillos y el portal digital del Ministerio nacional; el material de TV lo usó el 4% y la radio solo el 1%”, sostiene el documento elaborado por el ecosistema educativo.

Asimismo, desde Eco, apuntan que este año, “en todo el país las clases iniciaron a principios de marzo bajo la modalidad combinada que alterna días de asistencia a la escuela y de tareas en el hogar. No obstante, existen grandes disparidades entre jurisdicciones e incluso dentro de ellas; siendo las provincias de Formosa, Chaco y Santa Cruz las más perjudicadas con un nivel de presencialidad muy bajo”.

Al respecto, el escrito incluye una encuesta que refleja la posición de las familias respecto de la suspensión. “Para la mayoría de las familias que aceptaron participar en la consulta, es fundamental sostener la presencialidad y garantizar la correcta aplicación del protocolo sanitario”, señala el informe.

En tanto, el documento agrega que “Las familias apoyan la presencialidad principalmente porque consideran que es la escuela el lugar idóneo para que sus hijos aprendan. La escuela, en esencia, es integradora , inclusiva y ordenadora. No existe uniformidad en el acceso a la educación, tampoco existe una conducción clara en la crisis, factor que aumenta la incertidumbre. La apertura efectiva de las aulas depende, en gran medida, de cada institución. Algunos factores han complejizado aún más el contexto, como los paros docentes. Es inviable considerar que la presencialidad debe estar ligada a únicamente la implementación del plan de vacunación que alcance a la totalidad de los docentes”.

Otro aporte contundente del documento es que "en el conjunto de jurisdicciones, las clases virtuales promedio alcanzan, en términos reales, 2 horas semanales. En numerosas ocasiones
estas se reducen al envío de tareas vía correo electrónico o por Whatsapp. Para la totalidad de especialistas consultados, no es serio considerar este intercambio como una clase. En estos casos, frente a un proceso educativo habitual, en la más optimista de las proyecciones podríamos estimar que la enseñanza se ve disminuida en 50%. En esos ejemplos los alumnos asisten presencialmente dos semanas al mes".

“Los profesores solo envían trabajos en pdf. No dan clases por zoom y tampoco las envían grabadas. Ya hicimos reclamos a la dirección y no tuvimos respuesta. Hasta fin de marzo están realizando diagnóstico de contenidos, NO ESTÁN DANDO CLASES. No tienen clases presenciales”, afirman padres de alumnos de 3er año escuela Jorge Newbery, en Villa Luzuriaga.