Ante una eventual nueva prórroga de las moratorias previsionales y un régimen especial de retiro para personas con determinadas enfermedades (proyecto que puede aprobarse o no pero lo cierto es que es parte del debate parlamentario), parecería poco lógico pensar en regímenes monetarios o políticas de estabilización. Y mucho más, en la medida que estas propuestas continúen con un alto nivel de consenso. Más allá de hablar sobre dolarización (si o no), metas de inflación, régimen bi-monetario o lo que fuere, de no abordar un ordenamiento integral del Estado, el instrumento fracasará como estabilizador. Lo trascendental es explicitar y asumir que el desequilibrio actual no es más que el resultado de la acumulación de malas políticas públicas de años (más allá de cuestiones partidarias).

Lo cierto es que en el parlamento se dio media sanción, con casi unanimidad, a la creación (superpuesta con beneficios ya existentes que cubren estas contingencias) de un régimen de pensiones no contributivas para personas de bajos ingresos afectadas con HIV, hepatitis B o C y tuberculosis, y para las que son de ingresos medios y altos se les permitirá jubilarse, sin aportes, a los 50 años. La otra iniciativa fue presentada en el Senado y propone extender las moratorias previsionales.

Concretamente, todo otorgamiento de jubilaciones sin aportes y sin evaluar los costos asociados incita a una alta transversalidad política. Y, en efecto, según datos del Ministerio de Economía, se observó que en el 2021 había 3,5 millones de jubilaciones otorgadas con moratorias. De estas, 800 mil están duplicadas con una pensión por sobrevivencia. Estas jubilaciones con moratorias, también, generaron un gasto público de 2,4% del PBI. Por último, el déficit primario del Sector Público Nacional ascendió a 3% del PBI. En pocas palabras, estos datos nos permiten ver que:

1) Las moratorias tienen un costo fiscal equivalente al 80% del déficit fiscal primario

2) El otorgamiento de jubilaciones contributivas sin aportes agrava de manera estructural la insolvencia fiscal

3) Dado este panorama y con esta dinámica en las finanzas públicas, no hay posibilidad de lograr estabilidad macroeconómica

En sí, los desequilibrios fiscales permanentes impiden, cualquiera sea el régimen monetario, tener una economía estable. Y esto es consecuencia de un desorden crónico del Estado. No caben dudas que el ordenamiento previsional, junto con el ordenamiento tributario y funcional, son desafíos mucho más relevantes y complejos que definir un régimen monetario más apropiado que el actual. El desorden previsional es una acumulación de normas impulsadas de manera improvisada y las moratorias son un claro ejemplo de ello. En otras palabras, se trata de un mecanismo (sin antecedentes en otras partes) que permite a una persona simular haber trabajado como autónomo (“informalmente”) para reconocerle aportes no realizados y acceder a una jubilación en idénticas condiciones que una persona que efectivamente hizo los aportes.

Las moratorias contaron con un amplio y transversal consenso político. Ahora bien, en el resto del mundo, para contemplar la situación de personas mayores sin aportes, lo que se utiliza son las pensiones no contributivas. ¿Por qué? Este instrumento permite:

1) Moderar los costos financieros

2) Evitar dar la señal de que aportar al sistema previsional no genera beneficios

El punto es que las moratorias generan la duplicación de beneficios cuando fallece el titular de la jubilación o su cónyuge, dado que, por ser un beneficio contributivo, puede generar también una pensión. Por esto, las moratorias son el principal factor que explica el fenómeno de duplicación de beneficios. Fenómeno que cada vez se hace más grande.

Políticas previsionales erradas quedan expuestas con la prestación universal para el adulto mayor. ¿Por qué? Porque esta prestación tiene un diseño más pertinente que las moratorias, dado que no es un beneficio contributivo. Sencillamente, esto permite diferenciarla de la jubilación a la que acceden las personas que hicieron aportes regularmente. Y además no genera derecho a pensión por fallecimiento, evitando los múltiples beneficios. El eje principal es que cuando se originó la prestación universal para el adulto mayor no se eliminaron, en línea paralela, las moratorias ni las pensiones por sobrevivencia. Con ello, se dejó la oportunidad para que se sigan dando y duplicando jubilaciones contributivas sin aportes. Gran oportunidad perdida. ¿Para qué? Justamente para trabajar en el perfeccionamiento de la prestación universal para el adulto mayor.