El neorrealismo italiano fue un movimiento narrativo y cinematográfico que surgió en Italia, durante la posguerra de la Segunda guerra mundial. Para comprender este estilo cinematográfico, hay que entender la improvisación como la manera de reflejar la realidad, que transmitía el sentir y el pesar del pueblo italiano en esa etapa de su historia, donde la pobreza y la hambruna eran las realidades diarias de ese pueblo.

La política argentina actual está transitando su propio neorrealismo, con acciones que se van desarrollando, en especial en la provincia de Buenos Aires y específicamente en el justicialismo bonaerense. Se está exigiendo la renuncia de todas las autoridades de ese partido, legalmente elegidas, cuyo mandato vence en diciembre del 2021 con el objetivo que asuma como presidente Máximo Kirchner. Esta jugada, que no posee antecedentes en la política doméstica, muestra a las claras la divergencia de agendas que posee la ciudadanía y la clase política. No solo las velocidades son distintas, sino que en muchos momentos transitan por senderos diferentes y una orfandad ciudadana que sigue profundizándose. A muchos sectores ciudadanos  les cuesta cada vez más encontrar dirigentes con los cuales sentirse identificados, con sus preocupaciones y necesidades, representantes capaces de ser auténticos con sus miradas flexibles y plurales.

El ex gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, decía "la política es para resolver los problemas de la gente, no la de los dirigentes". Lamentablemente, estamos transitando un periodo oscuro, donde el divorcio entre sociedad y dirigencia se agranda cada vez más. Los sentimientos que crecen son la desconfianza y el pesimismo.

La desconfianza se ve reflejada en un informe del Indec "Balanza de pagos, posición de inversión y deuda externa". Solo en el tercer trimestre del año 2020, salieron del circuito financiero más de US$ 19.087 millones, lo que hace que se encuentre fuera de sistema la suma de US$ 247.343 millones, todos ellos declarados ante la AFIP.

El pesimismo se observa en un estudio de Isonomía, que señala como la ciudadanía ve un futuro cada vez menos optimista.

 

 

Se sigue apostando, desde la construcción política en la búsqueda del enemigo. No se fomentan los diálogos, desaparece el pluralismo y las políticas de estado son un sueño lejano. Esa lógica binaria de amigo-enemigo, potencia a los extremos más ruidosos pero aleja al votante medio, que brega por la madurez y la sensatez de su dirigencia.

Queda cada vez más claro que en este neorrealismo actual está faltando política y sobrando políticos. Los dirigentes son más importantes que la política, ya que la dejan de lado y van a la búsqueda de satisfacer sus propios intereses. Si no volvemos a las fuentes, estaremos cada vez más lejos de resolver las verdaderas preocupaciones ciudadanas (inflación, inseguridad, trabajo, pobreza, entre tantas otras). El mundo busca las formas de seguir avanzando y nosotros, casi como en una película, girando improvisadamente en nuestro propio carrusel autodestructivo.