Al trazar los objetivos para 2021, el gobierno tenía dos potenciales riesgos que podían frustrar las metas fijadas hacia fines del año pasado. Por un lado, en un contexto de pandemia global y desigual acceso a las vacunas, la posibilidad de segundas y terceras olas de similares características a las que se veían en el invierno del hemisferio norte a lo largo del año tendrían un impacto impredecible acorde al tamaño de los rebrotes de la infección.

El otro riesgo, estrictamente económico, tenía que ver con el fino equilibrio que debían encontrar tres variables clave (tipo de cambio, salarios e inflación) para dar con la sutil recuperación del ingreso real pretendida. Esta estrategia la desarrollamos detenidamente en el informe de Febrero del CESO, “La economía argentina en el limbo distributivo”. Ambos riesgos comienzan a materializarse de forma cada vez más evidente las últimas semanas.

El terreno más fangoso que está transitando la política económica es el del escenario distributivo. Como afirmamos dos meses atrás: “Los incentivos y desincentivos económicos, los controles y las regulaciones,  la autoridad política del poder ejecutivo y hasta la participación de actores de la sociedad civil tiene que coordinarse milimétricamente para dar con el escenario deseado”. La fuerte dinámica de los precios relevada los últimos meses no muestra signos de desaceleración brusca tampoco en abril de acuerdo a los relevamientos online del IPS-CESO y de los índices de Alquileres en CABA y Rosario. 

No resulta llamativo que en el corto plazo haya más preguntas que certidumbres. La estrategia integral compuesta por el diálogo político a nivel de sectores - el trabajo y la patronal empresaria -, la estabilidad macroeconómica y la regulación microeconómica no termina de balancearse del todo aunque se muestra reacción e incomodidad en el propio gobierno con la respuesta del sector privado. Nuevos regímenes, nuevas herramientas de control y algunas sanciones no son la solución definitiva y son los instrumentos que cualquier gobierno prefiere no utilizar pero ayudan a encauzar las mesas de negociación y que la única salida no sea a costa de los que no tienen una silla en esa mesa. 

El sector del trabajo organizado puso en riesgo, nuevamente, su participación en el producto nacional y se comportó contribuyendo al máximo para lograr la estabilización. A esta altura, lamentablemente está destinado a perder desde aquí hasta las elecciones. Superada esa instancia, entre octubre y diciembre se van a disparar un conjunto de cláusulas gatillo que van a alcanzar para que las paritarias 2021 no arranquen tan retrasadas y, en un  escenario optimista, tener una recomposición importante para el cierre del año.

En el transcurso, los esfuerzos deben estar concentrados en que la pérdida a lo largo del año sea la menor posible porque de lo contrario se sentirá el impacto en la actividad ya que la combinación de pandemia e ingresos en retracción ya sabemos que genera poco incentivo al consumo y, por ende, a la producción. Con la negociación del Salario Mínimo Vital y Móvil, hay una oportunidad de dar un fuerte mensaje a la base de la pirámide de ingresos. 

Los potenciales riesgos se hacen presentes y complican los objetivos económicos del Gobierno

Hacia adelante, no se perciben factores que continúen acelerando los precios y todo indica que paulatinamente deberían moderarse los indicadores mensuales. Exagerar el rol del ancla fiscal en este contexto puede profundizar los costos a cambio de un muy limitado aporte a la dinámica inflacionaria. De todos modos, combinar los tiempos económicos con los electorales no será sencillo.

Para compensarlo, deberá hacer énfasis en su aporte al cuidado y a la salud, diferenciándose de una oposición que en lo económico tuvo en el sector asalariado directamente un enemigo que tenían que adoctrinar después de años en los que “le habían hecho creer” que podía contar con ese nivel de vida. Lo hecho hasta aquí pudo no haber estado a la altura de las expectativas pero todavía es un escenario muy distinto para quienes trabajan y producen ya que no tienen que estar a la defensiva de las políticas económicas, algo que dada la vehemencia de la oposición podría nuevamente convertirse en una fuente todavía mayor de preocupación.