A menos de dos semanas de las PASO que definirán el segundo y último tramo de la administración Fernández-Fernández , el gobierno aún no logra recuperar terreno en lo electoral y parece encaminarse hacia una derrota inevitable en las elecciones de medio término frente a Juntos por el Cambio.

Más allá de las razones politológicas que se esgrimen desde los pensadores de la Casa Rosada, la razón de fondo que hace que el gobierno pierda la elección es más económica que política. Y es que los pocos peronistas tradicionales que rodean al presidente ya saben que el problema para Alberto no es el “relato” que hace el gobierno, sino el bolsillo de la gente. “Por más que hables lindo, si el pueblo no llega a fin de mes, no te van a ir a votar”, afirma un intendente bonaerense, que no se siente un “barón del conurbano” por su juventud, pero es reconocido por propios y ajenos como tal.

La crítica de los minigoberrnadores de la provincia de Buenos Aires, que en buena parte son los que decidirán la elección de noviembre, es que el plan “platita” del que se ufanaban en el comando central de campaña del Frente de Todos aun no se desembarcó en la periferia de la provincia.

Lejos están los cordones más pobres del conurbano de recibir los 270.000 millones  de pesos que se les prometieron que se iban a enviar desde la Rosada a mediados de octubre. Incluso, dicen algunos intendentes, por obra y gracia de la inflación en alimentos “tengo menos plata que antes”. Los datos preocupan mucho al peronismo, que podría enfrentarse a la peor derrota simbólica desde el fatídico cajón de Herrminio Iglesias.

El enojo de los justicialistas, que ya los une a los muchos kirchneristas y massistas, es que el gobierno de Alberto está operando de modo similar a lo que hizo Marcri después de perder las PASO en 2019. Dicen que la agenda económica de Alberto es más declarativa que real y que los anuncios económicos hechos en los últimos 45 días son parte del “nuevo relato” que quiere construir Alberto y su equipo. Una construcción discursiva que juzgan, de mínima, tímida. Ponen como ejemplo los anuncios que no llegan directamente al bolsillo.

“Por más que vos le des una mayor cobertura en servicios sociales o beneficios fiscales como los programas Registradas o el de Monotributo Social, eso no es plata inmediata para los más necesitados. No te olvides que desde que se fue Macri hay más de 3 millones más de pobres. Con esa medida no alcanza”, afirma en off un intendente de uno de los distritos donde JXC más creció en las PASO.

Los números le dan la razón: a pesar que se prometieron más de 270.000 millones de pesos para mejorar la demanda de los sectores más vulnerables, esos no ocurrió. De acuerdo a los economistas de muchos municipios, el  gobierno puso en la calle poco más de $100.000 millones, sólo el 0,23% del PBI. En este contexto, afirman que esa plata, repartida solo en el  conurbano “no le cambia la vida a nadie”.  Enojado, alguno de los minigobernadores del conurbano repite la frase que le gustaba usar al expresidente Carlos Menem que “a los tibios los vomita Dios”.

La rebelión de las peluqueras

Como señalan los economistas del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) en su último informe, “para poder pagar un crédito que tomó para financiar el pago de sueldos o insumos, una empresa tiene que aumentar los precios en promedio un 50% para estar a tono con la tasa de interés que debe pagar. Si una peluquería alquila un local, aún sin insumos importados, debe incrementar el precio de los cortes un 50% en el próximo año para poder hacer frente al principal costo que es el alquiler. De esta manera, la inflación pasada se proyecta hacia adelante en las tasas de interés y los aumentos de las cuotas de alquiler, sin que existan shocks devaluatorios o pujas distributivas de relevancia”.

El ejemplo de las peluqueras que toman en el CESO no es menor: es uno de los trabajos que más sufrió durante la pandemia, en especial en los barrios populares. En ese sector hay más de 250.000 trabajadores (formales e informales), de los cuales quedaron más de 30.000 desempleados en 2020. Pero no solo eso: debido a la devaluación, Argentina tiene el corte de pelo más barato del mundo en promedio, poco más de 5 dólares por corte. Detrás de Argentina vienen Zambia, Filipinas, Bosnia y Herzegovina, Nepal, Nigeria y Bolivia. Una muestra clara de que la devaluación impacta mucho más en los pobres.

Es en este contexto que los justicialistas que peinan canas están tan preocupados. Saben que  el grueso de los votos que perdió el Frente de Todos (la friolera de 4,8 millones de votos) se deben encontrar en las peluquerías, los talleres mecánicos, los corralones, las carnicerías y las ferreterías. Todos los lugares en donde es mucho más importante la densidad de la billetera que la profundidad del “ nuevo relato” que quiere construir el albertismo.