Tenía 36 semanas de embarazo cuando decidió abandonar la casa de Saavedra donde convivía con Jorge Prieto, su pareja desde hacía algunos años. Esa madrugada del 13 de enero de 2012, Paola (que no es su nombre real) se dio cuenta lo cansada y agobiada que estaba debido al maltrato físico y psicológico que había sufrido durante todo el embarazo. Quería transitar las últimas semanas con tranquilidad.

Se habían conocido a fines de 2009. “Siempre fue muy celoso, muy posesivo; yo estudiaba y él me preguntaba adónde iba todo el tiempo, con quién salía, me celaba por mis compañeros”, recordó Paola. Agregó que a Prieto le enojaba que saliera con sus amigos, que la controlaba todo el tiempo y que cuando se enojaba la insultaba. Cuando quedó embarazada, en 2011, su novio le pidió que aborte. 

El maltrato físico comenzó en ese momento: “Él estaba enojado porque yo no abortaba y me tiró un cargador de una notebook a la panza”. Tenía alrededor de cuatro meses de embarazo. Ella fue a denunciarlo, estuvieron peleados una semana. Volvieron. “Después de golpearme, de zamarrearme, de tirarme del pelo, me pedía perdón; se acercaba o me traía regalos”, relató.

Las declaraciones de Paola se dieron en el marco de un juicio que se realizó en febrero de 2017 contra Prieto, que no tomó nada bien la decisión que le comunicó esa noche de enero de 2012 su por entonces novia. Mientras ordenaba sus cosas, el hombre le pegó en la cara y la tiró en la cama. “Hoy te morís”, le repetía mientras se subía encima de su panza y le estrangulaba el cuello. “Por favor, mi bebé”, le rogaba ella.

Paola se desmayó. Cuando volvió en sí, tenía las muñecas y el cuello cortados. Pidió ayuda con toda la fuerza que le quedaba mientras Prieto se cortaba a sí mismo. “Esto lo hago por vos”, le espetó. Un matrimonio de vecinos la auxilió mientras llamaba a la policía y a una ambulancia. Fue trasladada al Hospital Pirovano, donde se constató la muerte del bebé.

En ese juicio, el fiscal Ariel Yapur tomó el testimonio de Paola como el ejemplo claro de lo que se denomina como “el círculo de violencia”: tras episodios violentos, se suceden los períodos de disculpas, el compromiso de que las cosas van a mejorar para volver nuevamente a las expresiones de furia. Explicó que si bien en ese momento todavía no estaba previsto el femicidio dentro del Código Penal (la figura se incluyó a fines de 2012), eso no significa que el caso no tuviera que ser evaluado con perspectiva de género.

“Prieto intentó matar de diferentes formas a su pareja: la golpeó, la estranguló y cuando ella se desmayó, la cortó en las muñecas y el cuello”, dijo el fiscal en ese momento. “¿Qué puede pretender alguien que se comporta así sino es matar a otro?”, se preguntó. Agregó que Prieto, al notar que la víctima no había muerto, se cortó el cuello por la desesperación de haber fracasado y desestimó la postura de una posible inimputabilidad. Aseveró que un enojo o un ataque de furia no puede ser la pauta para considerar que no comprende sus actos. “Si uno se enoja porque la esposa lo quiere dejar, no es una circunstancia excusable para matar”, recalcó en el alegato donde pidió 15 años de cárcel.

Sin embargo, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 5 condenó a Prieto a seis años de prisión únicamente por causar la muerte del bebé que esperaba Paola. Los jueces Rafael Oliden y Adrián Pérez Lance junto con la magistrada Fátima Ruiz López consideraron que, si bien el hombre había intentado matar a Paola, como no siguió con esa intención cuando la chica se despertó, debía aplicarse la figura del “desistimiento voluntario”. “Nada ni nadie le impedía en esas circunstancias consumar el hecho intentado previamente”, dijeron en el fallo. Es decir, como Prieto no siguió con su ataque despiadado contra Paola hasta matarla, todo lo vivido por ella no merecía ser llamado tentativa de homicidio.

El fiscal Yapur fue a la Cámara de Casación para que se revierta esa decisión. La defensa también recurrió a lo mismo: cuestionó lo que hizo el Tribunal y reforzó su posición al respecto de una supuesta inimputabilidad. Durante la instrucción, se había seguido esa teoría hasta que fue revertida. El caso llegó entonces a la Sala III de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal. El fallo que decidió la cuestión está firmado por los jueces Alberto Huarte Petite y Pablo Jantus. El tercer juez, Mario Magariños, decidió no votar por el acuerdo al que llegaron sus colegas.

En el voto de Huarte Petite, al que adhiere prácticamente en todo el juez Jantus, se analizan los argumentos que llevaron al Tribunal a decir que no era una tentativa de homicidio y le dan en ese sentido la razón al fiscal. “Estamos en presencia de un estrangulamiento de relevante entidad, a punto tal que produjo el desvanecimiento de la agredida. Al mismo tiempo le infirió cortes en su cuello y muñecas cuando la damnificada se hallaba inconsciente, además de golpes varios que ya le había propinado en forma previa al estrangulamiento, dirigidos algunos de ellos hacia su vientre, en el que yacía el fruto de la concepción”, recordó. “Así lo hizo con arreglo a un plan homicida, exteriorizado en la frase pronunciada en reiteradas ocasiones durante su comportamiento (“hoy te morís”)”, le agregó.

“Si tal clase de violencias, ejercidas contra una persona del sexo femenino que además se encontraba en un avanzado estado de embarazo (36 semanas de gestación -con la consecuente mayor vulnerabilidad que tal situación genera por razones de experiencia común), hubiesen sido apreciadas por un observador imparcial en el momento del hecho, no le quedarían dudas en cuanto a la existencia de un riesgo para la vida de la víctima”, afirmó Huarte Petite. 

Dijo muy claramente que Prieto jamás la ayudó: “La dejó librada a su suerte, esto es, a lo que podía acontecer con el devenir de un curso causal que por regla de experiencia común resulta peligroso para la vida, al cual intensificó a su vez con la causación de lesiones cortantes mientras aquella estaba desmayada. En definitiva, aparece como evidente que se desinteresó absolutamente de lo que a aquella podría sucederle, pese a que tenía conocimiento, por cierto, de la posibilidad de pérdida de la vida en tales circunstancias”. Afirmó también que el caso debía ser analizado como una cuestión de violencia de género.

Sin embargo, Prieto no irá preso. La condena que tenía a seis años tampoco la cumplirá debido a que tanto Huarte Petite como Jantus consideraron que la situación del hombre entraba dentro de la situación de inimputabilidad. Con críticas al Tribunal, al que le dijeron que no había fundamentado bien la decisión, decidieron declarar al hombre como inimputable.

Se basaron en los informes de algunos profesionales del Cuerpo Médico Forense y también, en particular, de uno de ellos que se presentó en el juicio. “El trastorno depresivo que Prieto padeció en ese momento fue de tal magnitud que generó autolesiones consistentes y persistentes en el tiempo en cuanto a su posibilidad de constatación, a punto tal de haber alcanzado un nivel de alteración morbosa”, dijeron. Es decir, los jueces de Casación consideraron que la decisión de Prieto de arremeter violentamente contra su pareja no debía ser punible. Ordenaron entonces su absolución y derivaron el caso a la justicia civil, de acuerdo a lo que plantea la ley 26.657 de Salud Mental. 

El perito que fue considerado central para los jueces y que declaró en el juicio había hablado hasta con un dejo de lo que antes se denominaba como “emoción violenta” y que era utilizado en los casos de violencia de género como forma de atenuar la pena. “Estaba tan cargado de estado afectivo que no le daba ningún valor a él la situación de que hubiera algo legal en el medio de todo eso”, había dicho. “Yo creo que no pudo comprender porque su afectividad no le permitió valorar, o sea, sopesar, poder relacionar por la carga afectiva que tenía en ese momento”, le había agregado. Casi como si la decisión de Paola fuera la culpable de todo el daño que Prieto le infligió y sin valorar lo que la propia víctima había contado, todo el recorrido de violencia previa. Todo lo sufrido quedó en la nada.