El actual intendente de Rosario, Pablo Javkin, llegó al Palacio de los Leones en diciembre de 2019, tras ganarle las internas del Frente Progresista al socialismo (que estuvo en el gobierno desde 1989) y, luego, las elecciones generales a Juntos por el Cambio y al Frente de Todos. Desde su partido CREO, sin padrinos políticos ni acompañamiento de ninguna estructura de alcance nacional, logró el triunfo que definió como “David contra Goliat”.

Inspirado por Raúl Alfonsín, Javkin comenzó a militar desde adolescente en el colegio secundario e hizo todo el camino hasta llegar al rol que ocupa hoy. Fue presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), de la Federación Universitaria de Rosario (FUR), de la Federación Universitaria Argentina (FUA), y del Comité Nacional de la Juventud Radical. Más tarde fue concejal, diputado provincial y diputado nacional por Santa Fe.

Javkin habló en exclusiva con Data Clave sobre los incendios en las islas de Entre Ríos que provocan una gran nube de humo que afecta al municipio que gobierna, la pandemia y su relación con el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti.

Data Clave: Las imágenes de los incendios en las islas de Entre Ríos y el humo que llega a la ciudad de Rosario son impresionantes. Sin embargo, la quema de pastizales en esa zona data de tiempo atrás. ¿En qué instancia está el tema en este momento?

Pablo Javkin: Este es un tema que viene desde hace mucho tiempo. Este año se agrava mucho, porque se combina también con una cuestión climática muy marcada, en relación a la bajante del río que es histórica y la falta de lluvias. En ese marco, evidentemente, se da una combinación de algunas cuestiones históricas, pero sobretodo con algunas intencionalidades. Claramente todavía no están identificadas en relación hasta dónde o a qué buscan llegar, pero está provocando alguna transformación de destrucción del humedal, que está muy marcado. El cálculo es que podrían llegar a quemarse 350.000 hectáreas, de esa dimensión estamos hablando. Si bien puede haber cuestiones furtivas, también se han visto máquinas.

DC: ¿Qué denuncias han hecho?

PJ: Por un lado, hemos hecho una denuncia penal en Entre Ríos. Nos constituimos como querellantes en la Justicia Federal de esa provincia. Por otro lado, la Corte Suprema aceptó un amparo de una ONG, en la que nosotros participamos como codemandados. También nos hemos constituido como amicus curiae en otro de los amparos presentados ante la Corte Suprema. La Corte dictaminó la creación de un Comité de Emergencia Ambiental, que es el que está funcionando ahora semanalmente, constituido por Nación, Entre Ríos, Santa Fe, Victoria y Rosario. Hemos tenido desde marzo intervención del Plan Nacional de Manejo del Fuego, del Ministerio de Ambiente, del Senasa, Prefectura y todas las áreas nacionales que pueden tener intervención e injerencia en el tema.

 

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DC: ¿Cuál es avance que ha hecho el Comité de Emergencia Ambiental desde el fallo de la Corte del 11 de agosto?

PJ: Nosotros ya hemos presentado informes, la mayoría están en elaboración. En el Comité se han asumido compromisos. Particularmente, hemos planteado la necesidad de establecer un faro de conservación en un terreno del dominio privado del municipio en el que están las islas, que corresponden al Legado de Deliot. Es decir, vamos a establecer allí con el ministerio de Ambiente de la Nación, a partir de un convenio que hicimos, una instalación de un faro de preservación, dentro de lo que es un proyecto de establecer una cadena de ellos en las islas. Con la Universidad Nacional de Rosario vamos a establecer una base científica de análisis, seguimiento y monitoreo de las islas en el mismo terreno.

Obviamente también hay un trabajo de acompañamiento de lo que, entiendo yo, debería darse, que es una ley de fondo de presupuestos mínimos de preservación de humedales. Claramente, es lo que está faltando, sino queda bajo la jurisdicción de Entre Ríos o del municipio de Victoria y está muy claro que no tienen condiciones para sostenerlo.

DC: Concretamente, ¿qué hay que hacer o qué falta para lograr detener a los que generan los incendios y apagar definitivamente el fuego?

PJ: No es fácil en varios sentidos, porque la cuestión climática lamentablemente les favorece la situación. Lo que eran lagunas, hoy son lagunas secas, entonces el suelo es combustible. Muchas veces se apaga el fuego con intervención de los brigadistas, pero por debajo queda y cuando sopla viento es como que lo apantalla y vuelve a nacer. Ese es un primer punto. Por otro lado, muchos de los cortafuegos naturales no se están dando, precisamente por la falta de agua. Es un terreno que se transforma. Es muy notorio verlo desde Rosario.

Por otro lado, tiene que haber una voluntad de control y de presencia por parte de Entre Ríos que muchas veces no se da. Además, necesitamos un accionar de la Justicia más decidido en relación a la cuestión de los propietarios de los terrenos o de las investigaciones. Estuvo interviniendo el grupo Albatros de Prefectura. Hubo detenidos, pero ninguna causa ha avanzado mucho hasta el momento.

DC: El martes pasado realizó un posteo en Twitter, donde señaló que brigadistas, aviones hidrantes, helicópteros y aviones “peleaban contra el fuego”, mientras “del otro lado de la orilla algunos no actúen, les decimos a los responsables: no vamos a parar hasta que las paguen #BastaDeQuemas”. Fue un mensaje claramente dirigido hacia el gobierno de Entre Ríos…

PJ: Hay una responsabilidad primaria que es de la jurisdicción y además, por ejemplo, el municipio de Victoria sacó una declaración del Concejo oponiéndose a la ley de Humedales. Entonces estamos en una situación en donde, por un lado, se resiste la colaboración con otra jurisdicción o con la jurisdicción nacional, pero no se toman acciones que sean efectivas en la preservación y en la prevención.

Aclaro que esta no es una cuestión entre Rosario o Santa Fe y Entre Ríos, porque mucho de los propietarios y de los que pueden tener intereses en la zona probablemente sean rosarinos o santafecinos. No me gusta plantearlo en esos términos, pero sí en relación a lo que el gobierno tiene que poder generar. 

 

pablo javkin on Twitter

 

DC: ¿El gobierno nacional está colaborando?

PJ: Sí, permanente, con el Plan Nacional de Manejo de Fuego, con el ministerio de Seguridad. Juan Cabandié ya vino varias veces. La propia Nación ha tomado participación en las causas. Se registra una actividad que hacía muchísimo tiempo no se daba por parte de Nación.

DC: Durante un tiempo, mientras en el AMBA las restricciones por la pandemia eran estrictas, en Rosario se habilitaron la mayoría de las actividades, porque había pocos contagios. Desde hace semanas, la cantidad de casos diario de covid-19 reportados en Rosario es alarmante. Sin embargo, a partir de ayer comenzaron a regir nuevas medidas. ¿Cuál es la situación real y en qué consiste la nueva etapa?

PJ: Estamos en el momento más complejo sin dudas, en materia de crecimiento de casos y ocupación de camas. En ese marco tuvimos una restricción de 21 días, que en esta etapa hemos decidido cambiar por lo que era una restricción a las actividades por una restricción a la movilidad nocturna. Esta nueva etapa tiene que ver con la pandemia, pero también con la seguridad, especialmente la vial. A partir de las 20 horas solo se puede circular para las actividades habilitadas y sin uso de autos particulares. Es decir, usando taxi o caminando si es un lugar de cercanía.

DC: ¿Por qué tomaron la decisión de reabrir los bares y restaurantes?

PJ: Tenemos un conjunto de actividades que están al límite de su subsistencia. Los contagios, por lo general, no se dan en las actividades que tienen protocolo, se dan normalmente en las actividades que hacemos cuando no hay protocolos. Evidentemente, es mucho mejor tener la oportunidad de tomar algo en un bar con una mesa de cuatro al aire libre, que en una reunión privada con más cantidad de personas que las permitidas, sin distancia, sin protocolo, sin cuidar los cubiertos, sin cuidar que no se compartan vasos. Hay una necesidad de restringir la circulación por los contagios comunitarios, pero hay que tener en cuenta la posibilidad de subsistencia y el trabajo. Hay otro indicador que es el de desempleo que en Rosario llegó casi a 18 puntos. Es una manta muy corta que hay que tratar de equilibrar. No se la equilibra ni negando el virus, ni negando el riesgo que tenemos en relación al sostenimiento del trabajo y de muchas actividades, gastronomía, comercio, actividad física también. 

DC: ¿A qué se debe el aumento de casos?

PJ: Fue una evolución distinta a la de otros lugares, que nos permitió durante varios meses abrir actividades. A partir de fin de julio empezó a mostrar, como era lógico, porque es el fenómeno que se está dando en casi todo el interior del país, que primero se desarrolló en el AMBA y CABA y, luego, se fue derramando en el resto del país. Por eso, te toma en una etapa en donde tenés un nivel de circulación más alto, por las actividades habilitadas. Siempre, en su momento los decíamos, el virus llega. Está en 215 países y llega. En Argentina era obvio que iba a pasar. Nadie imaginó nunca un escenario urbano como el de Rosario sin casos. Obviamente, lo que nos llevó a tomar la restricción fue la velocidad y la concentración de los casos en poco tiempo, sobre todo durante septiembre. Esperamos el impacto de estas medidas, se va prolongando el tiempo de duplicación y esperamos que se estabilice la curva. También aprovechamos el aire libre que permite una opción de actividades con un nivel de riesgo menor que el que podíamos tener hace un tiempo.

DC: ¿Cómo evaluaría la respuesta de la ciudadanía?

PJ: Ese es el mayor esfuerzo. La mayoría de los contagios se dan en el ámbito privado, entre familares, amigos, entorno afectivo. Esa es la batalla que tenemos que entender que la gente más joven puede pasarla bien, pero cuando toma contacto con una persona mayor pone en riesgo la vida. El gran problema que tenemos es el contagio en personas de riesgo o mayores de 65 años que son las que requieren camas críticas y las que corren más riesgo. Fallecen personas jóvenes, pero en términos estadísticos es minoritario. El esfuerzo grande es de comprensión individual de que el virus no lo podemos negar, que no tenemos que vivir tampoco aterrorizados y que hay que cuidarse. No hay manera que no esté. Se hace muy difícil, uno entiende el cansancio, el hartazgo. Falta un tramo largo todavía. Necesitamos poder pasarlo. La única posibilidad es cuidarnos. 

 

 

DC: Esta semana, los intendentes bonaerenses de Juntos por el Cambio dijeron que les resultaba cada vez más difícil trabajar con el gobernador Áxel Kicillof. ¿Cómo es su trabajo con el gobernador de Santa Fe Omar Perotti?

PJ: Con matices y miradas propias, pero el trabajo es de una coordinación permanente. Hablo a diario con el gobernador y trabajamos los temas entre los equipos: el sanitario, la asistencia social, las cuestiones de control. Claramente, hay una coordinación, no hay espacio para otra cosa. El que cree eso no comprende lo que estamos enfrentando. Estamos viviendo algo que hace 100 años no se daba y que tiene una dimensión enorme. Dudo que Argentina haya tenido un desafío de este calibre. Cualquier mirada que no tenga que ver con juntarse para enfrentarlo de la manera más coordinada es un error imperdonable.

DC: Siempre soñó con ser intendente. Le tocó en estas circunstancias, en un contexto de pandemia. ¿Se arrepiente? ¿Qué sensación le produce?

PJ: La misma que vivimos todos a diario. Algunos días sentir que esto no pasó, querer volver el tiempo atrás, a como era antes de la pandemia. Ratifico todos los días la tremenda responsabilidad que tenemos de encontrar el equilibrio, entre la salud, el trabajo, las libertades, para no entrar en el griterío de la grieta, entre “abran todo”, “cierren todo”, las posiciones extremas, “el virus no existe”, “es un invento” o el terror de cómo afrontarla. Hay una demanda de equilibrio y responsabilidad que asumo a diario. Es día a día y hay que acostumbrarse a eso. Estoy seguro que esto va a pasar y vamos a quedar todos marcados por lo que hayamos hecho. Es lo que nos tocó, en el momento que tocó y hay que enfrentarlo. Es una prueba de determinación, de consistencia en la solidaridad que no habíamos tenido nunca y que ojalá nos permita tomar lecciones para otros aspectos.