El pasado 26 de enero Luis María Kreckler, un diplomático de carrera del ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, fue el elegido para representar a la República Argentina ante la República Popular China. Menos de diez meses después y en el medio de la pandemia por el Covid-19, es el protagonista excluyente de una seguidilla de lujos y excentricidades que no caen del todo bien el distintos sectores del Gobierno.

A fines de febrero Kreckler preparó sus valijas para viajar a Beijing y en abril fue oficializado como embajador, a través del Decreto 386/2020 firmado por el presidente Alberto Fernández y publicado en el Boletín Oficial. Sin demasiada demora y aunque aún hoy no cuenta con las cartas credenciales correspondientes para ejercer el cargo, Luis María le dio absoluta prioridad a su comodidad personal, lejos del ejercicio diplomático. Todo un von vivant

Luis María Kreckler junto a Felipe Solá.
Luis María Kreckler junto a Felipe Solá.

Una vez instalado en el país donde se originó el coronavirus, Kreckler reservó un pent house en una lujosa torre de la capital china, a pesar de disponer de una residencia exclusiva. El ostentoso alquiler que solicitó está valuado en 15 mil dólares mensuales pero Cancillería no autorizó ese gasto excepcional y la mudanza quedó en espera. 

Una situación casi idéntica había atravesado en su paso por Brasil, entre 2012 y 2015, cuando alquiló una mansión a orillas del lago Paranoá, en Brasilia, con un costo de US$13.000 por mes. En aquella oportunidad desde su entorno explicaron que se tomó esa decisión porque "la vivienda oficial estaba muy venida abajo".

Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores le explicaron a Data Clave que el nuevo pedido del embajador se basó en realidad, en "una sugerencia de mover el consulado a donde ahora ahora funciona la residencia, en el mismo predio donde está la embajada, y eventualmente alquilar otro lugar" para la que viva Kreckler, pero esa intención no prosperó.

Además, el embajador en China se hizo trasladar su moto de alta gama de la reconocida marca Harley Davidson desde Suiza, su destino anterior. El trámite para la llegada de la motocicleta fue una de sus primeras acciones que inició cuando llegó al continente asiático y generó incluso un cruce bilateral ya que la importación de esos vehículos se encuentra limitada en ese país. 

La Harley de Kreckler, embalada en la puerta de la embajada argentina.
La Harley de Kreckler, embalada en la puerta de la embajada argentina.

El diplomático fue subsecretario de Comercio Internacional de la Cancillería entre 2005 y 2010, y, luego, secretario de esa cartera entre 2010 y 2011. Luego de su paso por Brasil, Kreckler hizo lo propio en Alemania en 2016 y más tarde ante Suiza desde 2017. Desde ese último destino pidió específicamente que llegara el lujoso vehículo de la legendaria marca estadounidense.

Aquellos que lo conocen aseguran que en cada uno de los países en los que le tocó instalarse el actual representante del Gobierno argentino en China tuvo actitudes similares, con su beneplácito personal como prioridad. Después de su polémica experiencia en Brasilia llevó también al personal doméstico que había contratado en ese país a Berlín y Ginebra.

En Beijing también obligó al personal de la embajada a hospedarse de manera temporal en un hotel puntual de la prestigiosa cadena Marriot para conseguir puntos como usuario frecuente y hasta se prestó a "canjes" con marcas de motos eléctricas y parrillas, intercambiando los productos por su imagen con ellos. 

La próxima misión que debe encarar Krekcler es la organización de la Feria de Comercio Exterior en Shangai, de la que participará también de forma virtual el presidente Xi Jinping. En China la austeridad es un gesto político que el embajador parece no haber comprendido por completo. Tanto en el Gobierno como en sectores del empresariado con intereses en ese país, existe un creciente descontento hacia el diplomático motoquero.