En la Cámara de Diputados coexisten diversos grupos de Whatsapp. Muchos, por supuesto, vinculados a a divisiones por espacios, bloques, sub bloques o partidos políticos. Algunos, sin embargo, son mixtos, con representantes de distintas fuerzas. Uno de esos grupos es el que comparten todos los legisladores menores de 35 años de la Cámara baja

"Antes de la primera sesión, cuando todavía no había llegado la pandemia, hicimos un asado todos juntos", le cuenta a Data Clave Ignacio "Nacho" Torres, quien con 32 años ocupa una de las bancas que le corresponden a la provincia de Chubut en el recinto de Diputados. La lista la completan nombres como Josefina Mendoza, Facundo Moyano, Nicolás Rodriguez Saa o Federico Frigerio, anfitrión en aquel encuentro. 

"Creamos un grupo de afinidad y fue algo bastante natural. Compartimos esas agendas en las que hay consenso, en donde no entran tanto las dicotomías partidarias", agrega el dirigente de Trelew, mientras deja claro lo que el entiende como una impreriosa necesidad: "sobrevolar la llamada grieta y evitar el bipartidismo"

Nacho Torres es, además de Diputado, Presidente del PRO en su provincia. "No sé si hoy podría ser estar en el Congreso y ocupar el lugar que ocupo a nivel provincial, con 32 años, en la estructura de un partido tradicional, sea el peronismo o incluso el radicalismo. Hay otros vicios en esos partidos más antiguos", se anima a plantear. 

 

Data Clave: ¿Se puede salir de la grieta alguna vez?

Nacho Torres: La famosa grieta es funcional a unos pocos, es solucionable pero hay que trabajar para que se solucione. Esa lógica binaria, selectiva, en la que cada uno escucha y lee lo que le dice que tiene la razón. Para quienes estamos en la función pública, en el Congreso por ejemplo, a veces es muy dificil plantear un debate sincero, por fuera de las cuestiones tribuneras, mismo en las discusiones parlamentarias. Hay una nueva generación que aparece en todos los sectores partidarios y eso es algo bueno. Hay otra visión de la política, despojada de algunos prejuicios. Y hay más diálogo, incluso entre dirigentes de distintos partidos. Los sub 35 de la Cámara de Diputados tuvimos la oportunidad de comer un asado antes de la primera sesión y hablamos de un montón de temas en los que encontramos más coincidencias que diferencias. Ese es el camino para sobrevolar esa grieta mezquina.

DC: ¿Cuáles son esas coincidencias?

NT: La pelea contra el empleo no registrado, temas ambientales, la necesidad de ser más competitivos como país. Creo que generacionalmente están dadas las condiciones para discutir esos temas. La tecnología ha tenido un crecimiento exponencial y las relaciones tanto laborales como humanas se reconvierten sistemáticamente, adaptan a eso. Es un momento bisagra para aprovechar la nueva agenda y escucharnos entre todo, en especial a los jóvenes. Los que son más chicos que nosotros de hecho tienen un concepto de la aldea global mucho más evolucionado. 

DC: Pero hay temas en los que sí hay diferencias ¿son cuestiones de progresismo y conservadurismo, de izquierdas y derechas, por así decirlo?

NT: Si, hay diferencias que radican fundamentalmente en el rol del Estado, en las formas. Y en la percepción que puede llegar a tener uno cuando hace cierto revisionismo histórico. Algunos conciben al Estado como la primer empresa y otros creemos que el Estado debe brindar herramientas y hasta quitarle un poco el pie de encima a quienes emprenden, a quienes dan trabajo. Es una discusión histórica, que excede nuestra generación. De lo que estoy seguro es de que es necesario aprender de los errores. Tenemos la segunda presión fiscal más alta del mundo y al mismo tiempo más del 40% del empleo no registrado. Son datos contundentes y no son ideológicos, son matemáticos. Hay que discutir estas cuestiones. El rol de los actores de poder en nuestro país, de los gremios por ejemplo, que personalmente considero que se ha desvirtuado un poco. 

DC: ¿Cuál es el rol entonces que debería ocupar el Estado?

NT: Yo soy de la idea de un Estado presente pero no que esté en función de un espacio político partidario. Creo en el federalismo pero no en la distribución de recursos según afinidades políticas. Tenemos que entender también que, cuando discutimos el presupuesto por ejemplo, hablamos de un dinero que es fruto del esfuerzo de todos los argentinos. No es el dinero de un Presidente o de un Gobierno y por eso debe ser distribuído con responsabilidad, con criterios objetivos y federales. Yo creo en un país verdaderamente federal y este país no lo es. Es centralista, macrocefálico en su centro, con asimetrías muy importantes en educación. Esto tiene que ver con malas administraciones, con la corrupción, con la demagogia, la mentira. Igual es importante decir que el problema no es la política, el problema son algunos políticos. Es peligroso el discurso antipolítica. 

DC: ¿Y es cierto para llegar en la política o para sostenerse hay que "tranzar" o hay que ceder ante esas malas costumbres?

NT: Se puede caminar en el barro y salir limpio, no necesariamente tenés que ser más de lo mismo. Yo justamente hago política porque creo en un cambio de paradigma, en otra forma. No me siento cómodo con las viejas estructuras. Quiero trabajar para cambiar esa realidad y el cambio se hace desde adentro. No desde la queja y la catarsis desde casa. Hay que fomentar la práctica de involucrarse en la cosa pública, porque eso es lo que define todo. Desde el precio de la yerba hasta la calidad de vida. Por erso es importante discutir de política pero no discutir nombres, chicanas, sino discutir los temas de fondo, qué país queremos. Yo reivindico a los grandes estadistas que tuvieron un horizonte claro en ese sentido. 

DC: Por ejemplo...

NT: Un referente que destaco siempre es Frondizi. Una visión desarrollista sigue tan vigente hoy como en aquel tiempo. Hay que pensar en una república pujante, con más industria, con más densidad de empresa. Esa es la base de una sociedad mucho más activa. Hay discursos en blanco y negro que están plenamente vigentes. Y te nombro a un Gobierno que no terminó su mandato, como otros tantos. 

 

DC: Ya dijiste por qué haces política ¿pero por qué el PRO?

NT: Hay valores con los que me siento muy identificado. La reivindicación de la república, la independencia de los poderes, la transparencia, la democracia, la libertad. Alguien puede decir que son frases hechas pero no lo son. Hay avanzadas constantes de sectores que tienen una mirada, si se quiere, más laxa de esos límites. Y además, en lo más concreto, también es cierto que no sé si hoy podría ser Diputado Nacional y Presidente de mi partido a nivel provincial con 32 años en la estructura de un partido tradicional, sea el peronismo o incluso el radicalismo. Hay más vicios de dirigencias de más años, con familias y apellidos patricios que manejan espacios desde siempre. El PRO nos dio la posibilidad de encontrar un espacio sin condicionamientos, donde podemos plantear cuando no estamos de acuerdo, en donde hay internas. Yo llegué al Congreso porque gané una interna, no porque me pusieron a dedo en una boleta. Después hay cuestiones ideológicas más profundas en las que puedo no coincidir con referentes de mi partido. Y lo bueno es que eso no sea un problema.

DC: ¿Y del kirchnerismo, como fenómeno contemporáneo, que opinás?

NT: Yo lo viví. Cuando nació ese movimiento, la idea de que un patagónico llegue a la Casa Rosada me entusiasmaba mucho, siendo de Chubut. Había muchas expectativas en eso nuevo que no sabíamos bien lo que era pero era algo diferente, con una cara que era prácticamente desconocida a nivel nacional. Después me fui desencantando con un montón de cuestiones, uno va evolucionando en el pensamiento. Hubo mucho marketing en ese momento y hubo un crecimiento exponencial de la participación de los jóvenes en la política que vino de la mano de un adoctrinamiento que a mi entender no es sano. Tenemos que dar una pelea muy importante contra esos dogmas que nos fanatizan, que enceguecen, que nos llevan a discusiones inconducentes. Creo que todos en algún momento, en la universidad o antes, fuimos un poco troskos, de alguna manera. Una visión emotiva de pelear contra el poderoso pero después te das cuenta que no es todo blanco o negro, que hay grises en el medio. El kirchnerismo trajo un fanatismo que empobrece a veces la discusión política.