Andrés Nocioni propone pensar una Argentina diferente: un país con proyectos a cinco o diez años donde se dejen de lado los egoísmos priorizando el bien común. Es, quizás, la misma fórmula que llevó a la Generación Dorada a la gloria, y a las generaciones de deportistas que vinieron después a reflejarse en un grupo de personas con ambiciones que competían por un objetivo global que trascendiera cualquier interés individual. 

Chapu cree que “es momento de dar apoyo a quienes no la están pasando bien”. Considera que forma parte de una porción de la sociedad que es privilegiada por el hecho de no tener que pensar en llevar comida a la mesa en el día a día. Sigue vinculado a emprendimientos deportivos y apuesta, pese a las trabas que existen en el país, a generar contextos para que los argentinos busquen oportunidades en su tierra. Sin embargo, atribuye parte de la crisis social a la inestabilidad y a la falta de horizontes.

Nocioni envía una foto remontando un barrilete para ilustrar la entrevista y dice que “tiene mucho sentido en este momento”. Vio la crisis de 2001 desde afuera y ahora la ve desde adentro, desde su casa en La Pampa. Dice que está cansado de los políticos peleando por televisión y de quienes “echan leña al fuego y parece que les encanta”. Cree que la diferencia entre los dilemas argentinos y los de otros países está en la magnitud: “Todo lo que pasa en esta sociedad está expresado en la enésima potencia” dice.

LA ENTREVISTA COMPLETA

Data Clave: ¿En qué momento de la historia creés que está la Argentina?

Chapu Nocioni: Yo pienso que está en una situación difícil, crítica. No le echo toda la culpa al contexto del país, sino también a lo que es el mundo en sí. Creo que el mundo está revolucionado con la pandemia y obviamente la Argentina no es la excepción. Pienso que la situación argentina está inmersa en una crisis mundial. Argentina estaba mal parada antes de la crisis y ahora está mucho peor que otros países. En mi punto de vista es una de las peores crisis que vamos a afrontar en mucho tiempo.

DC: ¿Dónde y en qué situación estabas cuando ocurrió la crisis de 2001? ¿Ves alguna similitud con la realidad que se está viviendo actualmente?

CN: En la crisis del 2001 yo estaba fuera del país. Estaba en Vitoria jugando en el Vasconia. Hicimos varios movimientos para poder donar o acercanos a la Argentina de alguna manera con los comedores. Hicimos algunos partidos a beneficio para que la recaudación se distribuyera en la Argentina. Me tocó vivirlo desde afuera. Lo veo bastante parecido a lo que estamos viviendo hoy. Veo que el país está inmerso en una dificultad económica muy grande, además de problemas sociales por las consecuencias. Creo que va a ser un año complicado hacia fin de año y que el año que viene va a ser complicado también. Siempre está la esperanza de que podamos salir y que el país pueda volver a una “normalidad”. Esperemos que esto pase, no va a ser fácil salir de esto en poco tiempo. Esa es la realidad.

DC: ¿Creés que a las autoridades argentinas y a la ciudadanía en general les harían bien valores del básquet para alcanzar objetivos?

CN: Con los valores del básquet, y no solo con los del básquet sino con los del deporte, la comunidad argentina estaría mucho mejor. Pienso que cada uno tiene que tener un objetivo y una ambición individual porque eso hace que como individuos seamos mejores personas, pero eso nunca debe sobrepasar al beneficio colectivo. Al día de hoy hay debates que solo llevan a confrontar, pelear, imponer y no consensuar. Me parece que si no hay diálogo no hay manera de debatir un país a futuro. Me parece que es imposible. Me parecen ridículas las peleas por televisión entre políticos. Me parece una falta de respeto a una crisis que está habiendo en la Argentina. Están viendo si uno lo hizo mal, si el otro lo hizo bien, o si todos lo están haciendo mal. Acá no hay color de partido, debería haber unión, se deberían juntar y dejar de indagar en el pasado continuamente. No digo que no haya que debatir el pasado, pero no se puede seguir solo en eso. No se puede seguir solo en guerras y peleas anteriores. Me parece que estamos en un círculo vicioso continuamente hablando de los mismos problemas sin debatir cómo vamos a afrontar el futuro de la Argentina. Mi opinión es antipartidaria. No hay una única idea de país, me parece que puede haber muchas ideas, incluidas en un colectivo, una idea global.

DC: ¿Ves en el país fenómenos que en otros lugares del mundo serían imposibles de explicar?

CN: Veo en este país fenómenos que pasan en todos los lugares del mundo. Me parece que acá es una cuestión de porcentajes. Pienso que el mundo no es perfecto. En el mundo hay corrupción, hay pobreza, hay grietas políticas, problemas ideológicos de diferentes contextos. Pienso que hay miles de problemas. Acá en la Argentina hay una radicalización extrema de todo lo que se debate. Veo que cada uno tiene una idea y piensa que la única manera de ejecutarla es imponiéndola. El problema es el porcentaje, la medida de los problemas: donde hay corrupción, acá es el triple; donde hay un problema de impuestos acá es el triple; todo lo que pasa en la sociedad acá está expresado en la enésima potencia. No hay un término medio, no hay un porcentaje lógico y tolerable. Se va a un extremo en el cual primero se mediatiza demasiado la política. En la Argentina son todos arregladores de la Argentina pero nadie da una solución consistente. Cada uno está metido en su mundo y le preocupa únicamente lo individual.

DC: ¿Cómo estás viviendo la pandemia y esta etapa de tu vida? ¿Cómo fue la cuarentena en La Pampa y qué viste en los vecinos y en los ciudadanos? ¿Cómo impactó en el mundo del básquet?

CN: Tengo la fortuna o la suerte de poder estar en una situación económica en la que no estoy preocupado en el día a día por traer alimento a mi mesa como muchísima otra gente. Quejarme es totalmente innecesario. Nos afecta a todos, pero hay que dejar el egoísmo de lado. A la gente que puede estar tranquila económicamente le pasa que no puede moverse con la tranquilidad que lo hacía. Esto va a pasar. Ahora lo más importante es dar el apoyo que no está pasándola bien. Yo no me puedo quejar para nada de la situación mía. El impacto a nivel básquet es el impacto a nivel económico del país. Los clubes no pueden trabajar naturalmente, los jugadores no pueden entrenar naturalmente. Hay mucha gente que depende de los clubes. Esto no es ajeno a la situación coyuntural del país. El básquet no es ajeno a lo que pasa.

DC: ¿Por qué creés que muchos y muchas jóvenes deciden dejar el país y buscar nuevas oportunidades?

CN: Mucha gente deja el país porque busca otros tipos de oportunidades pero no hay que ser ingenuos: se van del país a hacer cosas que por ahí acá no estarían dispuestos a hacer. Tiene que haber una honestidad de la gente de decir “cualquier proyecto que puede hacerse en otro país también se puede hacer en la Argentina”. Si todos trabajamos para que esos proyectos se construyan muchos más jóvenes se quedarán en la Argentina. Viví muchos años en España y muchos jóvenes españoles se querían ir de España porque creían que allí no tendrían la oportunidad de tener un futuro mejor. Yo no miro solo la Argentina. Esto es un problema mundial y otros países lo tienen. Acá el grado de ida es de irse con odio, de irse enojados. Que nos pasa a todos: me voy porque no aguanto más. Acá es “me voy y cierro la puerta” y se van a cualquier costo a otro país. Tenemos que generar recursos para que los jóvenes aporten para este país. No es fácil. Me parece que tiene que haber una gran mesa de diálogo, llamar a todos los sectores, los políticos, los movimientos sociales. Pensar ideas, no personas. Estoy podrido de escuchar personas, que este robó más, que este menos. Acá hay que discutir ideas, porque si no esto va a seguir siendo un círculo vicioso. Eso no lleva a un futuro para que estos jóvenes que se quieren ir se queden acá y que tengan la oportunidad de estar en un país mejor.

DC: ¿Ves un horizonte claro? ¿Sos optimista respecto del futuro próximo?

CN: El horizonte obviamente no es claro. Si somos optimistas… creo que el ser humano es optimista por naturaleza. Siempre piensa “ya mejoraremos, ya avanzaremos”, pero las cosas están en una situación difícil. No es un momento de horizontes claros. Creo que hay una inestabilidad social, política y económica tremenda y me parece que el horizonte no es claro para nada porque es lo que se ve. Pero me parece que también hay que dejar de echar leña al fuego. Juntarse, hablar y ver cómo hacemos para mejorar esto. Me parece ridículo, cuando se sabe que la gente está nerviosa, echar leña al fuego. Hay sectores en la Argentina a los que les encanta hacer eso. Se sienten cómodos con esa manera de pensar. Me parece una idea totalmente destructiva. Lo que se debería hacer es un gran consenso donde se diga desde acá vamos a partir. Para pensar en un país de acá a cinco o diez años sin poner trabas en la rueda. No puede ser que un gobierno entre y cambie todo lo que hizo el anterior. Es inviable eso, no puede suceder. Creo que hay que debatir cosas de fondo que nos lleven a crecer y ser un país más productivo, que en realidad es lo que somos.

DC: ¿Qué proyectos tiene Chapu Nocioni actualmente y hacia el futuro?

CN: Tengo mis negocios y cosas que pude construir con el deporte. Mantengo el control de esas cosas y las trato de hacer de la mejor manera posible. Obviamente las reglas de juego cambian continuamente, no es fácil proyectar. No es fácil tener ideas a largo plazo en este país, pero creo que trato de sobrepasar el momento como cualquier otro argentino.