Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó el informe titulardo “El periodismo frente al sexismo” que revela la amplitud del riesgo de sufrir agresiones sexuales y sexistas al que se enfrentan las mujeres periodistas, así como su impacto en la información.

El estudio se basó en una encuesta realizada por el organismo a nivel mundial y, de los 112 países en los que se encuestó a periodistas, 40 fueron señalados como peligrosos e incluso muy peligrosos para sus compañeras. Y ese peligro no solo acecha a las periodistas en los terrenos tradicionales del reporterismo o en los nuevos espacios virtuales -internet y las redes sociales-, sino que también se encuentra allí donde ellas deberían estar a salvo: en sus redacciones.

El informe confirmó una tendencia en alza: en la actualidad, internet se convirtió en el lugar más peligroso para las periodistas (señalado por el 73% de los encuestados). Después de internet, el 58% de los encuestados indica el lugar de trabajo como un entorno “en el que se han cometido agresiones sexistas”.

Esta observación se ha visto reforzada por la difusión del movimiento #MeToo en todo el mundo, además de por el hecho de que, en ocasiones, las periodistas han sido las primeras en atreverse a denunciar casos de agresión o acoso sexual, como ha ocurrido en Estados Unidos, Japón o la India.

Si bien es obvio que la autocensura es la consecuencia más frecuente, para casi la mitad de los consultados en la encuesta realizada por RSF, no es la más radical. El estudio “Women Journalist’s Digital Security” señala igualmente que “el acoso digital lleva a las mujeres a dejar de utilizar internet y, en muchos casos, a dejar de trabajar por un tiempo”. Esta observación se refleja en los resultados del cuestionario: el cierre de cuentas en redes sociales y/o el hecho de que la periodista se encuentre privada de sus redes profesionales, se cita en un 22% como una de las consecuencias del acoso.

Asimismo, una cifra similar de los encuestados (el 21%) dice saber de mujeres periodistas que han dejado su trabajo a causa de la violencia de género y sexual que han sufrido en el ámbito profesional.

Ser mujer, periodista y pertenecer a una minoría representa un riesgo mayor. Las periodistas lesbianas, bisexuales y trans también se encuentran entre los perfiles más vulnerables ante la violencia.

Todas las periodistas del mundo son vulnerables, sea cual sea su vinculación laboral (autónoma, empleada, en prácticas) y el tipo de contrato por el que trabaja (temporal o indefinido). Los resultados del cuestionario de RSF muestran que afecta a todas las categorías de contratos y de vinculación laboral. Tener un empleo con un contrato indefinido no protege a una periodista de una potencial agresión sexual. Por otro lado, cuanto más precaria sea la posición de la periodista, menos capacidad tendrá para hacer oír su voz y defenderse.

RSF también examinó el impacto que estas agresiones tienen en el periodismo y y de qué manera, la mayoría de las veces, el trauma sufrido conduce al silencio y reduce el pluralismo de la información. Más allá del estrés, la ansiedad y el miedo, la violencia sexista y sexual lleva a las periodistas a cerrar -de manera temporal e o incluso permanente- sus cuentas en las redes sociales (consecuencia que señala el 43% de los encuestados en el cuestionario de RSF), y también las conduce a la autocensura (el 48%), a cambiar de especialidad (el 21%) e incluso a la renuncia (el 21%).

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