En el análisis económico es prácticamente una ley incuestionable cómo se relacionan los precios de los bienes con su demanda. Cada día es más cierto el dicho que afirma que hay cuatro tipos de economía: las desarrolladas, las que están en vías de desarrollo, Japón y Argentina. Dejando a un lado los efectos de la inflación (suponemos que el resto de los precios se mantienen constantes), es muy intuitivo - y cierto en la enorme mayoría de los casos - que si el precio de un bien sube vamos a demandar menos cantidad de ese bien.

Pero también es sabido que los mercados financieros tienen un funcionamiento muy particular, muchas veces opuesto a esta racionalidad. En el precio de los activos financieros inciden otros determinantes y es clave el rol de las expectativas. Es decir, el precio de un activo puede subir sólo por el hecho de que se espera que suba en el futuro.

Esto es fundamental a la hora de entender qué generaron en el pasado y qué pueden producir en el futuro las distintas estrategias cambiarias. Para verlo hacia atrás podemos ubicarnos en el mes de Marzo de 2020. A partir de ahí, el tipo de cambio se devaluó en términos reales por cuatro meses consecutivos dado que el tipo de cambio variaba más que la inflación. Sin embargo ¿eso alcanzó para contener la compra de dólares? Ni cerca. Agosto fue el mes récord de compra de dólares en el año y el mes con mayor Formación de Activos Externos (también conocida como fuga de capitales).

Por el contrario, las altas tasas de devaluación generaron dos incentivos que comprometieron las reservas e hicieron que el Banco Central tuviera que intervenir vendiendo dólares durante esos meses. Frente a una tasa de devaluación mayor a la inflación, el que tenía exportaciones demoraba su liquidación ya que el peso se devaluaba mensualmente 2,5% frente a un 2% de la inflación y otras tasas en pesos alternativas. Era la estrategia que más le rendía financieramente. En la posición inversa, los importadores adelantaron sus compras demandando más dólares ya que sus costos estaban creciendo por encima de la inflación. La solución a este esquema no la dio el precio del tipo de cambio oficial que ya es suficientemente alto. Se estabilizó mejorando los controles y las intervenciones, administrando la brecha cambiaria que se había dejado en un segundo plano hasta ese momento.

Hacia adelante, un menor ritmo de devaluación llega para interrumpir esta dinámica y desarmar estos incentivos que van en contra de la acumulación de reservas. Lejos de lo que se señala desde muchos análisis del mainstream económico, un menor ritmo de devaluación no tiene por qué implicar mayores controles. Para salir de la escasez de divisas y falta de dólares serán imprescindibles la administración del comercio y d los movimientos de capitales. Los manuales de economía tradicional se escriben pensando en otro tipo de economías sin la inestabilidad y volatilidad que tiene la Argentina los últimos años. Pensar que únicamente subiendo el tipo de cambio contenemos la demanda de dólares sin registrar cómo se comportan los precios de los activos financieros en una economía volátil como la Argentina nos hará pensar en medidas para otros países y para otros contextos que no son los que tenemos actualmente.

Construir esa estabilidad es parte del desafío de este y cualquier otro gobierno. Convencer a alguien de que en el corto plazo no va a haber un salto brusco del tipo de cambio va a llevar tiempo. Hoy por hoy, no se puede juzgar a alguien que no crea en la estabilidad cambiaria hacia adelante después de las recientes experiencias de regulación cambiaria. Para lograrlo, se tiene que garantizar un período lo suficientemente largo en el que no haya devaluaciones bruscas ni saltos de la brecha cambiaria y a la par se vaya acumulando reservas. Al revés de lo que supone alguien que interpreta a la Argentina como un caso más y similar a cualquier otro país de la región, un menor ritmo de devaluación en el corto plazo puede ayudar a moderar las expectativas sobre un salto cambiario y aliviar la presión sobre las reservas los próximos meses.