“Es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”, afirmó el presidente Alberto Fernández ante su par ruso Vladimir Putin que seguramente habrá recordado que hace ya más de 30 años que la ex Unión Soviética abandonó el régimen comunista.

“El capitalismo no fracasó, aunque se podrá mejorar, sin duda” afirmaba un importante empresario multinacional. “Lo que fracasó es la Argentina”, señalaba no sin pesar. La aseveración no carece de fundamentos.

“Argentina entre 1913 y 1983 creció a una tasa promedio del 0,74% anual. Si lo hubiera hecho al 2% una tasa razonable para la economía mundial del periodo, su PBI per cápita hubiera sido algo superior a 17.000 dólares, similar al de Francia”. "El fracaso argentino". Interpretando la evolución económica en el "corto siglo XX", Dr. Eduardo Míguez. 

Y desde el 83 hasta la fecha las cosas no anduvieron mucho mejor. Continuó el retraso y llegamos al 2021 con pronóstico de una pobreza e inflación del orden de 45% (el aumento de precios previsto por el consenso es 48%) y un lapidario vaticinio de la OCDE: Argentina recuperará su PBI por habitante previo a la pandemia recién en 2026.

Se prevé que la economía crezca un 6,1% en 2021 y un 1,8% en 2022, pese a lo cual seguirá por debajo de los niveles de actividad previos al estallido del COVID 19, sostiene el trabajo de la organización. Y pasa a detallar las causas:  

-Los persistentes desequilibrios macroeconómicos y las nuevas restricciones a la movilidad lastran la demanda interna y limitan la recuperación.

-La monetización del déficit fiscal mantendrá la inflación en niveles altos.

-La creación de empleo se recuperará lentamente, pero la elevada informalidad sigue siendo motivo de preocupación.

-La reapertura de actividades en el país y la vacunación avanzarán despacio y se espera que la inmunidad de grupo se alcance en 2022.

-El elevado desempleo, el estancamiento de los salarios y el aumento de la informalidad  erosionan el poder adquisitivo de los  argentinos, especialmente en los hogares de bajos ingresos.

-Los estrictos controles de capitales, la combinación de políticas de control de precios y restricción de las importaciones y el aumento de la presión fiscal sobre las empresas repercuten en la inversión y las importaciones.

Un diagnostico que hasta avalaría en buena medida el propio ministro de Economía, Martín Guzmán. A continuación la OCDE recomienda lo que tantas veces se escribió y se dijo:

-Trazar una senda a mediano plazo hacia la sostenibilidad fiscal contribuiría a reforzar la confianza y estimular la inversión.

-La mejora de la eficiencia del gasto público y una revisión de las exenciones del sistema tributario son dos medidas que pueden generar sustanciales ahorros fiscales.

-Ampliar las transferencias monetarias condicionadas puede ayudar a reducir la pobreza.

-Reducir los desequilibrios macroeconómicos sería clave para reavivar la confianza, y para ello harán falta políticas  fiscales prudentes.

-Una reducción del financiamiento monetario  del déficit, así como un fortalecimiento de la credibilidad  y la independencia del Banco Central y, con el tiempo, el retiro de los controles cambiarios.

-Una estrategia fiscal creíble a mediano plazo, centrada en mejorar la eficiencia del gasto público y en reducir las exenciones tributarias y subsidios, mejoraría la posición fiscal y sentaría las bases para reducir los desequilibrios macroeconómicos.

-Ampliar la base del impuesto a la renta de las personas físicas y mejorar la progresividad de  los  impuestos también contribuiría a este objetivo.

-Para que la recuperación sea más fuerte e inclusiva será necesario fomentar la creación de empleo formal y reforzar la protección social, ampliando los actuales programas de transferencias monetarias, al tiempo que se reduce el costo de creación de empleos formales, especialmente en los sectores más afectados.

Este set de recomendaciones que se asemeja a las recetas que recomienda el FMI y buena parte de los especialistas, es poco registrado en los oídos oficiales.

Es que en la Casa Rosada existe la visión que los problemas económicos que padece Argentina básicamente responden a:

-Los organismos multilaterales que “nos enchufaron” deuda externa.

-La oposición que “favoreció” el endeudamiento para permitir la “fuga de capitales” de sus amigos.

-Los empresarios que provocan la suba de los precios para obtener exorbitantes ganancias a cambio de provocar más pobreza.

Ante tanta “maldad”, cuando gobiernan los sectores populares, es decir el kirchnerismo, el Estado debe salir al rescate de la población más vulnerable, dando asistencia directa a través de  planes o indirecta brindando empleo (que las empresas no generan) en el aparato estatal.

Más allá de cuánto crean esta versión de que los problemas económicos de Argentina siempre son por “culpa ajena”, lo cierto es que el Gobierno tiene un objetivo que no genera discrepancias en el seno de la coalición: ganar las elecciones. Y, uno de los ejes de campaña será: el gobierno te cuida (te vacuna), te ayuda “combatiendo al capital malo” con canasta de precios congelados, acuerdos de cortes de carne populares, etc. Si los precios no bajan el gobierno aplicará sanciones al estilo de prohibir exportaciones, más multas, más presiones.

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Tweet de Axel Kicillof

El gobierno “bueno” protegiendo a los argentinos de lo “malo” que viene del exterior: Covid, FMI, etc. y de los “malos” locales: el Macrismo y la oposición en general, los empresarios codiciosos, etc. serán los mensajes predominantes para conquistar votos.

Números que preocupan

En este sentido, no dejan de mirar con preocupación las encuestas que muestran que la imagen negativa de la gestión de Alberto Fernández alcanza a 60% contra 38% positiva. Se trata del pico más alto de crítica desde su inicio y aún entre electores propios pierde 22 puntos desde marzo del año pasado, según la consultora D'Alessio IROL / Berensztein.

La inflación se mantiene como “el problema” de todos según manifiesta el 84% de los consultados seguido por la incertidumbre en la situación económica - 66%- e inseguridad -65%-, rubros en los cuales el gobierno no ha dado buenas respuestas.

Fuente: consultora D'Alessio IROL / Berensztein.

Los empresarios que vienen recibiendo los embates oficiales, saben que son y serán “los patos de la boda”. Por esta razón, argumentan que la designación de Daniel Funes de Rioja  titular de la Unión Industrial Argentina responde a la necesidad de contar con un perfil más “combativo” para enfrentar las críticas oficiales.  Cabe señalar que Funes de Rioja retendrá también la presidencia de COPAL, la entidad que representa a la fabricación de alimentos.

Un dato a tener en cuenta es que, si bien el Gobierno se ve forzado a acelerar la vacunación, la epidemia no es la mayor preocupación en el segmento joven, donde se ubica la base electoral del oficialismo. En este rango, la inflación y el problema del empleo son los temas dominantes. Tres de cada cuatro jóvenes que votaron al Frente de Todos tienen a la economía como principal preocupación, según la consultora Synopsis.

En el seno del Gobierno viene triunfando el ala política que propone políticas más distributivas en aras de mejorar el poder adquisitivo de la población y apuntalar el resultado electoral.

El proceso no es lineal, sigue habiendo resistencias como manifestó el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, cuando descartó que se vaya a dar una especie de ingreso familiar de emergencia (IFE) para 4 millones de personas. Curiosamente, el día anterior el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, no descartaba la posibilidad de un nuevo IFE.

“La propia vicepresidenta Cristina Fernández, estaría a favor de esta iniciativa”, de donde daría la impresión de que la ayuda “tiene altas chances de ser implementada”, comentaban en despachos oficiales.

Fuente: consultora D'Alessio IROL / Berensztein.

Los fondos para dar más ayudas sociales provienen de varias fuentes: los recursos extras  derivados del aumento de los precios de las materias primas, el Impuesto a la Riqueza, el ajuste que llevo a cabo el Tesoro en el primer trimestre; la mayor recaudación fiscal; los cambios en el Impuesto a las Ganancias, y para más adelante, la tranquilidad de recibir unos 4.400 millones de dólares de los Derechos Especiales de Giro del FMI.

Además, cuentan a favor con que el Gobierno ha ido recomponiendo las reservas en divisas. El Banco Central registra unos 7.500 millones de dólares, según mediciones privadas, una cifra escasa pero que le permitiría llegar sin mayores sobresaltos a las elecciones.

Al menos así anticipan los futuros del dólar, que arrojan la expectativa de un tipo de cambio controlado hasta los comicios, aunque también adelantan un salto para después de las elecciones.

Con el propósito de frenar la inflación, el Banco Central viene desacelerando la valorización del dólar -subió sólo 1,2% en mayo, menos de la mitad de la suba prevista en los precios-.

El problema es que hasta ahora el comportamiento de los precios relativos es el peor de los deseados, el atraso del dólar resta competitividad a la producción argentina y el aumento de la inflación por encima de los salarios hace caer el poder adquisitivo.

Mientras la inflación sigue a paso firme -las consultoras privadas calculan que mayo culminó en 3,6%- los datos de actividad no evolucionan tan bien como desearía el Gobierno.

En caso que junio se parezca a mayo en materia de restricciones, entonces el segundo trimestre podría estar registrando una caída del PIB cercana al 2,5% respecto del primero (desestacionalizado), anulando buena parte del rebote del nivel de actividad verificado en el arranque de 2021, señalan los economistas Jorge Vasconcelos y Guadalupe González. Así, en junio de este año el PIB estaría volviendo a registros similares a los del cuarto trimestre de 2020.

La recaudación de impuestos asociados al mercado interno descendió 5,3% en moneda constante en mayo respecto de abril, luego de haber caído 1,6% en aquel mes respecto de marzo. Para estos dos analistas de la Fundación Mediterránea, “es posible que este fenómeno esté anticipando un agotamiento de la recuperación de la demanda observada en los meses previos, pero también (factor no excluyente) la fatiga financiera de cada vez más contribuyentes, abrumados por la presión impositiva”.

Auxilio estatal

Frente a este panorama, desde el ala política del Gobierno se siguen dando señales a favor de “alinear precios, salarios y tarifas”, como señaló en su momento Cristina Fernández de Kirchner.

Desde esta perspectiva se interpreta la decisión de la vicepresidente y del titular de Diputados, Sergio Massa, que acordaron con los gremios del personal legislativo un aumento salarial del 40%, una cifra que está muy por encima del 29%de inflación prevista en el presupuesto.

Más allá de la necesidad de preservar los ingresos de los empleados públicos (los que realmente cumplen con sus tareas), este tipo de medidas genera el rechazo de un vasto sector de la población que interpreta que la dirigencia política no “padece” los efectos de la pandemia y por ende, no comprende ni empatiza con lo que le sucede a una gran mayoría de la población.

Así lo revelan hechos como que la AFIP se demoró en el ajuste de los valores del monotributo (que debería haber actualizado en enero) esperando que el Congreso sancionara la nueva ley de movilidad jubilatoria. La ineficiencia de la política la terminan pagando los contribuyentes que de un día para el otro pasaron a ser deudores.

La AFIP, comprendiendo la “injusticia”, y sacó un plan de pagos  hasta 20 cuotas mensuales, iguales y consecutivas pero, eso sí, cobrando una tasa de interés del 41% anual.   

Ventaja

Pese a los contratiempos sanitarios y económicos, de cara a las próximas elecciones, el Frente de Todos mantiene una intención de voto en torno de 35-36%, unos 12 puntos menos de los obtenidos en 2019, según la última encuesta de Synopsis.

Pero esta caída en el caudal electoral no necesariamente puede llevar al oficialismo a obtener menos bancas de las que renueva en la elección de medio término. Un ejercicio teórico realizado por la consultora que dirige Lucas Romero arroja que “con un 20% menos de votos que en 2019, el Gobierno podría estar ganando más bancas de las que pone en juego en la Cámara de Diputados”.

Fuente: Synopsis

Solo sobre la base de considerar que el Frente de Todos obtenga un 25% menos de votos que en 2019 se observa la posibilidad de que el oficialismo no pueda renovar todas las bancas que pone en juego.

De esta forma queda en claro “la ventaja que ofrece el escenario de renovación del oficialismo que aun sacando un 25% menos de votos que en 2019, podría estar perdiendo solo una banca en la Cámara baja, quedando a 11 votos de poder sancionar leyes”.

Mientras tanto la oposición no tiene definido ni siquiera los candidatos que se presentarán y tampoco cual será el eje de la campaña.