Inesperado como un rayo en un día soleado, la semana comenzó con un pronunciamiento de Cristina Fernández de Kirchner a través de su cuenta de Twitter.

Hace más de un año y medio atrás comunicó su decisión de “ungir” como candidato a presidente a Alberto Fernández y luego, a través de una carta posteada en esta red social, advierte que “el freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre que va a pasar con nuestra vida son agobiantes”. Y señala que “en este marco de derrumbe macrista más pandemia, quienes idearon, impulsaron y apoyaron aquellas políticas, hoy maltratan a un Presidente que, más allá de funcionarios o funcionarias que no funcionan y más allá de aciertos o desaciertos, no tiene ninguno de los defectos que me atribuían y que según no pocos, eran los problemas centrales de mi gestión”.

En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones.

La carta de Cristina provocó un tembladeral dentro de la coalición gobernante. La referencia a los funcionarios y funcionarias que no funcionan fue interpretada como un tiro por elevación a la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, quien fuera una dura crítica de la ex presidente, al ministro de la Producción, Matías Kulfas, un economista que en su momento cuestionó a Axel Kicillof -uno de los preferidos de la ex mandataria- y, según se señala, particularmente a la ministra de Justicia, Marcela Losardo, colaboradora de confianza del presidente Fernández pero que estaría siendo severamente cuestionada por Cristina.

El presidente Alberto Fernández, en una interpretación que sorprendió a muchos, consideró como una expresión de apoyo a esta carta. Sin embargo, decidió mostrarse en público inmediatamente con los aparentemente cuestionados por Cristina, como Vilma Ibarra y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, otro dirigente al que la ex presidente sólo aceptó en aras de ganar las elecciones y al cual critica en su misiva sin mencionarlo.

Más allá de los actos, en el círculo más cercano, tanto del presidente como de la vicepresidente, se considera que “esta carta debilita el poder de Alberto Fernández”. De la misma forma que otros gestos como la ausencia de Máximo Kirchner en el acto que esta semana protagonizó el primer mandatario en el que se emplazó, en el hall del Centro Cultural Kirchner, la escultura del expresidente Néstor Kirchner, al conmemorarse el décimo aniversario de su muerte.

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Cristina Kirchner on Twitter

Un reto al presidente

¿Porqué razón Cristina decidió hacer esta dura declaración? Hay quienes interpretan que la ex mandataria resolvió apelar a la palestra pública para hacer un llamado de atención al presidente. Al respecto, señalan que en las últimas semanas perdió fluidez la relación entre ambos y, lo que es más importante, Cristina estaría observando que “Alberto debe tomar un rol de mayor liderazgo”.

Esta interpretación viene acompañada de teorías conspirativas. Desde los sectores kirchneristas más duros señalan que están observando con preocupación la diferenciación del gobierno que estaría llevando adelante Sergio Massa.

Saben que existe un movimiento de sectores tanto del peronismo (gobernadores, intendentes) como de la oposición (los dirigentes más abiertos al diálogo, que estarían impulsando que Massa se haga cargo de la jefatura de gabinete, en un intento de restablecer credibilidad en el gobierno. Es evidente que esta credibilidad está hoy seriamente comprometida como muestra el termómetro de los dólares alternativos en niveles disparatados – descontada la inflación, el Contado con Liquidación (CCL) y el dólar bolsa (MEP) resultan más altos que el pico 2002, según los datos de la consultora Quantum-.

La jugada, explican, no consistiría en darle a Massa el carácter de Jefe de Gabinete como se conoce hasta ahora, sino constituirlo en una suerte de “primer ministro” con amplias funciones ejecutivas que desplazarían al presidente. Algunos fantasean con una recreación en estas tierras de la serie Borgen, situada en Dinamarca, donde el primer ministro decide un gobierno de coalición otorgando carteras a representantes de la oposición.

Sería una forma de darle continuidad a las instituciones y aventar -argumentan- el temor que el establishment siente por la aparición de personajes “indeseables” como Juan Grabois con sus intentos de reforma agraria. Los que abonan esta teoría creen que, a diferencia de la crisis de 2002, cuando el peronismo se hizo cargo de la situación, el descrédito de este movimiento y de los partidos de la oposición, tras el fracaso de Juntos por el Cambio, encierran el riesgo que “pueda puedan aparecer posiciones extremas”.

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Juan Grabois on Twitter

En este contexto es que algunos interpretan el regreso de Mauricio Macri a la escena pública. Son quienes creen que el ex presidente salió al cruce de un eventual entendimiento entre Massa y Rodríguez Larreta que, dicho sea de paso, son amigos. Macri, precisamente este viernes respondió la carta de Cristina en nombre de Juntos por el Cambio, marcando su centralidad en la política. Esta idea de un Massa “primer ministro” deja a un costado a los dos líderes de la grieta: Cristina y Macri.

Va de suyo que la ex mandataria de ninguna manera querría que un gobierno por ella concebido termine siendo conducido por Sergio Massa, principal artífice de la destrucción del sueño de “Cristina eterna”.

¿Quién gobierna?

En otro de los párrafos destacados de la carta, la ex presidente desmiente que ella sea quien maneja las riendas del gobierno de Alberto Fernández. Al respecto señala que “no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones”.

Varios interpretaron que la ex mandataria se estaría “despegando” de Alberto Fernández. La idea resulta inconsistente ya que difícilmente se le escape a una política con la visión de Cristina que su suerte está atada a lo que suceda con la actual administración.

No sólo fue su mentora, sino que su gente ocupa lugares estratégicos en el aparato del Poder Ejecutivo (PAMI, Anses, por citar sólo dos casos), uno de sus preferidos, Kicillof, gobierna la provincia de Buenos Aires y, por si todo esto fuera poco, las encuestas muestran que una gran parte de la población está convencida de que la ex mandataria es protagonista del actual gobierno.

Quienes siguieron de cerca el proceso de renunciamiento de Cristina a la candidatura presidencial en aras de lograr el gobierno, comentan aspectos poco conocidos de su decisión pero que tienen validez en el presente.

Al respecto recuerdan que antes de elegir a Alberto Fernández, la señora de Kirchner realizó gestiones para que el ex gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota fuera la cabeza de la fórmula presidencial.

El intento quedó truncado por el fatal accidente que se llevó la vida de este dirigente histórico del peronismo, pero cualquiera que lo hubiera conocido podría atestiguar que de la Sota era un hombre con una fuerte personalidad y que no hubiera aceptado ser un “títere” de Cristina de donde, concluyen, la ex presidente siempre tuvo la idea de delegar la función ejecutiva.

Esto no quiere decir que Cristina se desentienda de la problemática política, económica o social. Suele tener información directa de lo que sucede en el territorio a partir de sus frecuentes contactos directos con los intendentes y de la data que le suministran otras fuentes, particularmente el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. Pero en su círculo más cercano enfatizan que “el que gobierna es Alberto”.  

Es que la preocupación del rumbo del gobierno, en el entorno de la vicepresidente, reconocen que los terminará afectando. “Es imposible intentar despegarse del éxito o del fracaso”, admiten.

Bimonetarismo

Otro pronunciamiento destacado de Cristina en su carta del lunes: “el problema de la economía bimonetaria, que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales".

Desde esta perspectiva, la ex presidente coincide con la mayoría de los economistas que alertan sobre el enorme riesgo que implica la suba del dólar en un contexto de pérdida de reservas.

Omite señalar que el marcado descenso de los activos en divisas del Banco Central responde a la impericia de la conducción económica, según coinciden la mayoría de los analistas, pero parece percibir que, como demuestra la historia argentina, los fenómenos hiperinflacionarios se desataron cuando el BCRA se quedó sin reservas.

Parece claro que el desbarajuste en el tipo de cambio requiere de una corrección y, según los economistas, existen dos protagonistas de ese ajuste. El peor de todos es el mercado, ya que provocaría una devaluación descontrolada con serias implicancias no sólo económicas sino también sociales -la suba en el precio de los alimentos elevaría la pobreza que hoy ya alcanza a 45% de los argentinos-. Una segunda posibilidad es que se haga cargo el Gobierno, pero naturalmente debería afrontar los costos políticos, una carga nada recomendable de cara a las elecciones de medio término del año próximo.

De esta forma, quienes no quieren a Cristina creen que en realidad la ex mandataria está pidiendo al resto de la dirigencia política que se suba al barco de los ajustes para repartir las culpas, un convite que, según primeros comentarios sotto voce, será rechazado por la oposición.

En conversación con Data Clave, un importante dirigente de Juntos por el Cambio señaló que “se acordaron tarde, con el comienzo de la pandemia todos estábamos dispuestos a poner el hombro, pero en vez de seguir ese camino decidieron ir a la confrontación”.

Atrapado

En tanto, la carta de Cristina ha puesto en un brete al presidente Alberto Fernández, según se comenta en la Casa Rosada. Por lo pronto, si decidiera cambios en el gabinete, inmediatamente se interpretarían como una respuesta de “títere” a los pedidos de la vicepresidente.

No parece ser éste el camino, al menos en lo inmediato, de acuerdo a colaboradores del primer mandatario. La evaluación interna es que las cosas se están haciendo bien, se sostiene, pese a todas las dificultades del contexto.

Rescatan que los dólares alternativos han descendido; que con la licitación se obtuvieron $ 250.000 millones de pesos, (fundamentalmente en títulos atados a la cotización del dólar) al tiempo que se anunció el deseo de reducir la asistencia del Banco Central al Tesoro. También, en la Rosada, insisten que se vienen tiempos mejores y manejan últimos datos que darían cuenta de una recuperación importante de la actividad económica.

En el entorno de Fernández -si bien celebraron la resolución de los conflictos tanto en Guernica como el de la familia Etchevehere- se ocupan de aclarar que “es un tema judicial”.

Respecto del rol del Grabois, la respuesta es más ambivalente tal como lo expresó el propio presidente el viernes  cuando respaldó su proyecto Artigas al decir: “Detrás del planteo de Grabois hay algo serio, hay algo razonable, hay algo para discutir”.

Continuó en esta línea señalando: “La propiedad privada jamás fue un tema de debate en la Argentina. Cuando se ocupó Guernica, hubo un planteo de intendentes y de gobernadores manifestándose en contra. Y nadie, absolutamente nadie, promueve la toma de tierras... Pero había una segunda parte que analizar: hay mucha gente que necesita un techo y que busca tierras y eso es un conflicto social, no es un conflicto penal”.

El respaldo a Grabois, “un dirigente que tiene un discurso de los años 70” preocupa a vastos sectores productivos que esperan una señal contundente respecto del rumbo del gobierno.

“Invertir en Argentina no es fácil, entre la alta carga impositiva y el constante cambio de reglas, entre otros factores, y encima ahora se suma que el poder político no es claro respecto de la propiedad privada”, se quejan los empresarios.

Fruto del contexto y particularmente tras la refinanciación forzosa de las deudas privadas con el exterior, hoy para invertir en la Argentina los proyectos deben tener una rentabilidad de 22% en dólares, un retorno prácticamente imposible para la mayoría de las actividades lícitas, según los cálculos del economista Daniel Marx.  

Criticas

Entre los analistas las medidas económicas implementadas por el ministro Martín Guzmán fueron bien recibidas, pero la mayoría considera que son insuficientes y que recrear la confianza demanda de decisiones más contundentes.

Si bien se logró una caída en las cotizaciones de los dólares alternativos, el dato duro es que las reservas del Banco Central siguen cayendo, entre el 20 y el 26 de octubre vendió U$S 236 millones. Mientras continúe la sangría se mantendrán las expectativas de devaluación.

Especialistas sostienen que son necesarias resoluciones “más fuertes” como, por ejemplo: desdoblar el mercado de cambios; avanzar rápidamente en un entendimiento con el FMI, acentuar la disciplina fiscal y un mayor entendimiento político.  

En tanto, desde la oposición advierten que la continuidad de las medidas de restricción impuestas por la pandemia mengua efectos que en un contexto de mayor normalidad serían más graves, como los retiros de depósitos de los bancos, las quiebras de empresas o los despidos.

Un dato anecdótico, pero altamente indicativo de la gravedad de la situación, lo apuntaba un agente inmobiliario a Data Clave al señalar su sorpresa por la cantidad de gente que está poniendo en venta su casa con la idea de irse del país.

Fuente: Quantum