Augusto Salvatto, director de la consultora Panorama, sostiene que “Argentina necesita una renovación dirigencial periódica y permanente”, tanto en la política como en los sectores empresariales y sindicales.

Tiene 26 años y estudió Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Católica Argentina (UCA), sumado a que hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Salamanca. A su vez, logró tener una doble titulación en La Sorbona, la histórica universidad de París, Francia.

También es el hermano de Mateo Salvatto, el genio tecnológico que con apenas 21 años creó una aplicación que le permite comunicarse a los sordomudos. 

En una entrevista exclusiva con Data Clave, Augusto desplegó sus conocimientos y trazó un paralelismo entre los sistemas políticos de América Latina y los del resto del mundo. Sostuvo que la región tendrá muchas complicaciones pos pandemia y considera que la conducción política será clave para evitar cualquier tipo de estallido. También habló de la inmediatez argentina y analizó la rosca del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio.

Data Clave: ¿Qué te sedujo de la Ciencia Política?

Augusto Salvatto: A mí siempre me gustó la historia, la economía y la filosofía. Ciencia Política ofrece todo este tipo de materias, y al mismo tiempo, mientras avanzaba en la carrera, entendía que me permitía entender de una forma más global los problemas de cualquier organización. En el fondo, cualquier organización, desde un medio de comunicación, un club de fútbol, un grupo de amigos, lo que sea, tiene organización. Eso es política en el fondo.

DC: ¿A qué se dedica el politólogo? Muchas veces se ve que el Estado está mayormente ligado a gente de los espacios empresariales, militantes y sindicales…

AS: Es una carrera muy reciente, eso hace que cada vez crezca más. Las oportunidades laborales están muchas veces mejor expresadas en el sector privado o cualquier otra organización. Creo que es un sesgo ligar la política con el Estado. Los docentes tenemos la responsabilidad de transmitir que los politólogos también tienen mucho que aportar en el sector privado. Y también en un mundo donde lo que uno estudie, no define de ninguna manera su futuro laboral. Vamos hacia un mundo donde no tenemos ni la menor idea de cuáles serán los trabajos del futuro.

DC: ¿Cómo es la relación con tu hermano Mateo sobre la política? ¿Todos pueden opinar de política?

AS: Hablamos mucho y tenemos muchos intercambios. Me das un pie perfecto para lo que venía respondiendo antes. Nos reímos a veces porque yo como politólogo trabajaba en Microsoft (compañía de tecnología), y él asesoraba a un ministro del Gobierno. Él estaba en algo político y yo ligado a la tecnología. Esto es lo que marca un poco la relación laboral del siglo XXI. Yo creo que los profesionales tienen el error de creer que sólo unos pocos pueden opinar, estoy en las antípodas de ese pensamiento. La política, en tiempos de crisis, preocupa y ocupa a la sociedad, y por eso no debe ser la discusión de unos pocos expertos. Creo que el exceso de academicismo en la carrera a veces puede perjudicar al desarrollo de un politólogo.

Augusto y Mateo Salvatto

DC: ¿Existe la anti política? ¿O en realidad el odio es al sector político?

AS: Cualquier sistema, de cualquier tipo, necesita una renovación periódica o permanente. Lo que se ve en todo el mundo, no solamente en Argentina, es que las dirigencias políticas se alejan cada vez más de las necesidades de la población. Esto se potencia en tiempos de crisis, porque cuando la economía marcha bien, la gente continúa con su vida privada. Hay cada vez más participación y preocupación ciudadana de los problemas comunes. Eso es política. Sí hay como decís un descreimiento a los políticos, y especialmente en América Latina, en parte porque esta crisis está pegando más fuerte que en otros continentes.

DC: ¿Cómo se puede hacer una renovación política? Los jugadores del sistema no van a querer hacerse a un lado…

AS: Todo sistema requiere cambios y necesita de mecanismos institucionales para que se den las renovaciones. Pero muchas veces  lo institucional no lo es todo, porque sucede que termina siendo letra muerta y los actores en el sistema se acomodan como les parece. Es un poco de todo, pero se necesitan dos cosas: instituciones fuertes y cultura política. Esto no significa barrer con todos y traer a toda gente nueva, porque eso no es sinónimo de solución. Hay que entender la cultura de la alternancia, eso es lo que hace sano al sistema.

DC: ¿Qué pensarían los pensadores políticos históricos de los actuales?

AS: Me das un pie interesante. Se me viene a la cabeza por ejemplo Robert Michels, un autor neo maquiavelista que hablaba de la “ley de hierro de las oligarquías”. Decía que en todo tipo de organización se tiende al liderazgo oligárquico. Es decir, los líderes tienden a representar sus propios intereses. Una de sus conclusiones es que los mecanismos de renovación de las elítes son fundamentales para tener un sistema político sano, sino terminamos en el Palacio de Versalles.

DC: ¿El problema hoy son Cristina Kirchner y Mauricio Macri?

AS: Es un poco más amplio, pero sí es cierto que hace 15 años que la política argentina gira en torno a dos grandes dirigentes. Eso muchas veces termina complicando el surgimiento de nuevos líderes, tanto en el espacio sindical como empresario y político. Es un gran problema nuestro al que yo llamo la “política Disney”, que es la división entre “buenos y malos” y “héroes y villanos”.

DC: Pasa el tiempo y son los que siguen teniendo legitimidad popular…

AS: Es correcto, pero disiento en una cosa: hace poco salió una encuesta muy interesante donde preguntaban sobre identificación partidaria. De cada 10 argentinos, 6 no se identificaban con ningún partido. 2 se sentían representados por el peronismo, 1 con el kirchnerismo y otro con Juntos por el Cambio. ¿Qué te dice esto? Que no hay una identificación con Macri y Cristina como se cree. Yo iría por otro lado, creo que las elecciones se ganan en funciones de cómo se plantean los escenarios. A lo que voy es que son más los desencantados que los que están convencidos. Pero es volver al principio, no hay renovaciones políticas y no hay alternativas dirigenciales interesantes.

DC: ¿Estás a favor de la rosca?

AS: No es una cuestión de estar o a favor o en contra, es sumamente necesaria en un sistema democrático. Demanda que haya consensos y acuerdos para lograr cualquier cosa, está para eso pensado el sistema. Al que no le guste, es su problema. Es más, creo que los dirigentes hablan muy poco, siento que hay poco intercambio sincero entre los espacios. Creo que esto también se suma a los sectores sindicales y empresariales.

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DC: ¿Cuál es el análisis respecto de la gestión del Gobierno? ¿Qué cambió de 2020 a 2021?

AS: Si me preguntabas esto el año pasado, te hubiese contestado “qué bueno que este año no hay elecciones”. Eso permitió de alguna forma que hayan consensos, más allá de si el resultado fue positivo o negativo. Existía un acuerdo, cosa que no se daban en otros países latinoamericanos, mismo en Estados Unidos. A medida que se acercó el calendario, esos acuerdos empezaron a erosionarse, y fue cada vez más difícil encontrar la mesa de Alberto Fernández, Axel Kicillof y Alberto Fernández. En cuanto a lo económico, América Latina en general venía de un 2019 muy conflictivo. La cuarentena puso todo en stand by, y todavía sigue este síntoma. Yo creo que tenemos que estar atentos al futuro y los estragos que deje el coronavirus. La situación económica es delicada y a eso se le suma la tensión social y la continuidad de los problemas estructurales.

DC: ¿Y la situación en la región?

AS: Hay una tendencia de que los países de América Latina se mueven en bloques y en olas. En este momento vemos que el continente está siendo intrascendente a grandes rasgos en el tablero internacional. La importancia en el mundo está pasando al Océano Pacífico, y no tanto al Océano Atlántico. Por otro lado somos la región más desigual del planeta. Somos también la región más violenta del planeta. Hay más homicidio por miles de habitantes en América Latina que en Medio Oriente. A eso se le suma que el Estado, a grandes rasgos, tiene un déficit de llegar a los territorios.

DC: ¿Cómo ves el rol de la oposición? ¿Y de Juntos por el Cambio?

AS: El oficialismo y la oposición no tienen un modelo de desarrollo de país en el largo plazo. Tienen dos posiciones muy antagónicas, pero ninguna de las dos piensan un proyecto de país a 30  o 40 años. En cuanto a Juntos por el Cambio, creo que están aprendiendo a ser una coalición. Lo que se ve en los medios en realidad es la interna del Pro. Porque si hablamos de Patricia Bullrich y Macri por un lado, y de Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal por el otro, estamos hablando de su grupo. Hay otro tema también, que es el rol del radicalismo, que ya muestra que no quiere ser socio minoritario, sino más bien mayoritario. Después están los casos de Emilio Monzó y de Rogelio Frigerio que piden escena en el espacio, y los de adentro le dicen que no. Creo que hay mucha disputa y eso hace que no tengan definidos los poderes internos. Eso seguramente se solucione con una PASO.

DC: ¿Y en el Frente de Todos?

AS: Te diría que veo un creciente liderazgo de La Cámpora y del Massismo. De un lado aparecen liderazgos como Máximo Kirchner, Wado de Pedro y Luana Volnovich, y del otro sector se observa a Sergio Massa. Creo que esa es la división, donde tienen un acuerdo para que no se rompa la coalición y que permanezca unido. El gran valor del Frente de Todos es que une a dos sectores antagónicos. Creo que la competencia entre ellos en las PASO resolverá la conducción del partido dentro de la coalición de cara a los próximos dos o tres años.

DC: ¿Ves posible que se realicen las PASO?

AS: Se tienen que realizar sí o sí. A lo sumo pueden retrasarlas un mes, pero tienen que hacerse. Primero porque no se pueden cambiarlas reglas en el mismo año, y por más que a mucho sectores no les guste, son ordenadoras. Esto también es culpa de que los partidos no tengan mecanismos institucionales interpartidarios para dirimir sus diferencias.