A partir de las 00.00 horas del viernes 20 de marzo el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner adoptaron una de las cuarentenas más prolongadas y estrictas para combatir el brote de una nueva enfermedad: el Covid 19.

El aislamiento, lo que a todas vistas era una primera medida adecuada para prevenir el incipiente contagio a la espera de otras que pudieran manejar este brote, se transformó en una plataforma para maniobras fraudulentas contra el Estado, disparates de parte de los funcionarios, muertes por medidas absurdas asociadas a la cuarentena, y todo esto, sin el resultado esperado para la gente.

Pero no hay que caerle sólo al oficialismo. El miedo es un gran “disciplinador” (*) y, por ejemplo, el presidente de la bancada de Juntos por el Cambio, Mario Negri, hablaba de Fernández (Alberto) como “el comandante en jefe de esta batalla” mientras Senadores y Diputados arreglaban sesionar desde su casa vía zoom, en lugar de buscar lugares abiertos y manteniendo el aislamiento social.

La cuarentena hizo que la economía “cayera como un piano” 10%, pero la inflación no se redujo por la fuerte retracción de la actividad sino que llegó al 36%, entre otras cosas, por el aumento de los precios de los alimentos y la emisión monetaria para solventar a quienes estaban sin trabajo, o podían perderlo.

"Prefiero tener el 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina", había dicho más de un año atrás, por abril del año pasado, el presidente Fernández en abril del 2020. En aquel momento, los casos de Covid-19 en Argentina no llegaban a 5.000 y sólo había algo más de 200 víctimas fatales, ya que el primer caso se había detectado el 3 de marzo y el primer deceso, el 7 del mismo mes.

En una entrevista concedida en la residencia de Olivos al diario Perfil, el primer mandatario había dicho que "de la muerte no se vuelve; en cambio, de los problemas económicos, sí". Lo cierto es que en ese año el Índice de Pobreza trepó al 42% de las personas, contra el 35,5% del 2019, y el de Indigencia, es decir la gente cuyo ingresos no les alcanza ni para comer, ascendió al 10,5%, desde el 8,8%, todo esto sin contar los planes sociales, que según el Observatorio Social de la UCA llegaban al 51 y 18% respectivamente, de no ser por la ayuda social.

Cuando todavía parecía muy lejana la cifra de 100.000 muertes, el primer mandatario había afirmado que "no podría vivir en paz sabiendo que ocurren muertes evitables". A su vez, había agregado: "No quiero pensar qué sería de mi conciencia si dejara que murieran 40 mil personas. No duermo más, no vivo más en paz. Eso no fue nunca un dilema, nunca dudé de eso".

Era la época que Alberto Fernández tenía una aprobación mayor al 60% en las encuestas, y amenazaba ir a buscar “él mismo” a un surfer que pretendía eludir los controles policiales para ir a la costa.

Pero mientras los familiares no podían despedir los restos de sus seres queridos muertos, ya sea por la pandemia o por otras razones, ya para julio, el mandatario recibió en la Quinta Presidencial de Olivo al líder del sindicato de camioneros, Hugo Moyano, y familia, para comer un asado y discutir de temas de actualidad,

De aquellos vientos vinieron otras tempestades. Así llegaría la fiesta de cumpleaños de la Primera Dama, Fabiola Yañez, que primero fue desmentida, luego se dijo que había sido “casual” para luego ser admitido, por lo que el presidente no pidió disculpas, pero si pagó una multa, pedido de crédito mediante, para terminar con “la infracción”.

En medio de la angustia que provocaba el encierro, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires Daniel Gollan, advertía el 31 de mayo que: “Si se levanta la cuarentena, en quince o veinte días, empezamos a ver las imágenes de Nueva York, Manaos o Italia y España, con cadáveres apilándose en cámaras frigoríficas, en las calles o en los geriátricos”.

Tres días más tarde, anticipó que “si seguimos con este ritmo (de contagios), el sistema colapsaría a mediados de julio”. Pero para fines de ese mes, como no ocurrieron ninguna de sus predicciones explicó que eso se debió a que “se tomaron medidas”, para impedirlas.

La guerra por las vacunas

Una vez desatada la pandemia, todos los laboratorios e institutos del mundo – desarrollado – comenzaron a experimentar algún tipo de vacuna. En Argentina se dio la extraña paradoja, dos farmacéuticas, Pfizer y Astra-Zeneca junto Abxience biotech Argentina, apuntaban a ser las primeras en conseguir el antídoto.

Pero desde el kirchnerismo así que comenzaron “negociaciones paralelas” con el Instituto Gamaleya de Rusia.

Ya para octubre, cuando estaban en danza varias vacunas en fase experimental, el ex secretario de Salud de Mauricio Macri, Adolfo Rubinstein, “rompió la grieta” al afirmar que el Instituto Gamaleya “era muy prestigioso, que había desarrollado varias vacunas” de gran efectividad.

Sin embargo, advirtió que era eso, un instituto “y no es lo mismo producir mil vacunas que un millón. Para eso se necesita una estructura que no es 1.000 veces más grandes….ahí comienza a operar los ingenieros industriales, y químicos”, dijo Rubinstein en declaraciones a TN.

Lo cierto es que las primeras vacunas Sputnik V que derivaron en el “vacunatorio VIP”, para los funcionarios, sus familiares y amigos, que solo “se salteaban la fila” al decir de Fernández, y que derivó poco tiempo después en la renuncia del ministro de Salud, Gines González García.

En esa época surgió la figura de Cecilia Nicolini, una asesora del propio Alberto Fernández que llevó adelante la negociaciones.

Pero para julio del 2021, Nicolini le advertía por carta al Fondo Ruso de Inversión que llevaba adelante el contrato que: "Urgentemente necesitamos algo de componente 2 (de la Sputnik). A estas alturas todo el contrato está en riesgo de ser públicamente cancelado".

"Nosotros entendemos el faltante y las dificultades de producción de algunos meses atrás", sigue la misiva. "Pero ahora, siete meses después, todavía estamos muy atrás, mientras estamos empezando a recibir dosis de otros proveedores en forma regular, con cronogramas que se cumplen", dijo la funcionaria que ahora está en la secretaría de Medio Ambiente.

De Pfizer, que hizo la mayor prueba en América Latina en el Hospital Militar Central, se llegó afirmar que pidieron como garantía recursos naturales como los glaciares.

La entonces vicepresidenta del bloque de diputados del Frente de Todos, Cecilia Moreau, afirmó que: “En América Latina, en los países donde hay acuerdo con Pfizer, lo que trascendió incluso en los medios internacionales, más allá de los locales que pueden tener alguna subjetividad, es que tuvieron grandes problemas para cerrar los contratos, e incluso tuvieron que entregar sus recursos naturales en algunos casos. ¿Cómo no vamos a armar una ley que proteja nuestros ríos, nuestras cataratas? O sea, hay un límite a todo”.

Moreau afirmó que los países latinoamericanos que aprobaron el acuerdo con Pfizer tuvieron que negociar su patrimonio: “No conozco los contratos pero dicen que Perú tuvo que ceder recursos naturales, Brasil también… Fueron contratos muy complicados”. Hoy la Pfizer es una de las principales vacunas que se dan en el país. El oficialismo bloqueo en la Auditoría General de la Nación (AGN) cuánto costaron las vacunas.

(*) Para los que quieran ver el poder del miedo sobre la sociedad, pueden ver “V de venganza”