Uno de los mejores cronistas de guerra de la Argentina, llegó a Ucrania esta semana. Lo hizo, como la mayoría de los que intentan cubrir el conflicto bélico, tras una larga travesía, que incluyó un vuelo con escalas a Varsovia y luego un interminable viaje por tierra, superando retenes de las fuerzas militares locales.

Fernando Ortega Zabala se encuentra cubriendo el conflicto que conmueve a Europa del Este y al mundo entero como enviado especial de editorial Atlántida. Pero la antigua amistad que lo une a este redactor, motiva el contacto cotidiano y el relato personal descarnado de sus vivencias durante estas primeras 48 horas en territorio ucraniano.

"Estoy muy cansado", le contó a Data Clave desde su búnker en las periferias de la capital, adonde arribó por la mañana, luego de haber tomado un tren desde Lviv. Ya entrada la noche del jueves, detalló en primera persona alternativas de ese extenso derrotero por el tendido férreo que lo trasladó junto a un puñado de ciudadanos de diferentes partes del mundo.

"Viajamos en el camarote de un tren que parece sacado de una novela sobre la Guerra Fría, una especie de lata de sardinas muy incómodo y frío, porque acá el frío no te lo sacás con nada", relató a este portal. "Ahí conocí a Sergio que, por suerte, habla español y me contó que estuvo en Misiones a fines de los noventa cuando una delegación de ucranianos cruzó el Atlántico para fortalecer vínculos con Argentina y no pudimos pegar un ojo porque durante todo el viaje se sintieron las explosiones y los disparos", explicó.

"El tren estaba cargado de hombres que viajaban rumbo al frente para defender Kiev, la mayoría de ellos no tienen armas, esperan que se las den una vez que lleguen a destino; también hay mujeres, todas jóvenes", agregó en su relato el periodista argentino.

"Sergio tiene 74 años y regresó a Kiev tras haber dejado a su hermana y sus sobrinos a salvo en Lviv; me contó que, a su edad, no puede ir a luchar pero se alistó en la organización de ayuda a los civiles porque quiere sumarse la defensa de Ucrania”, puntualizó el cronista argentino.

"En el mismo camarote, o como se llame, se encuentra mi amigo Narciso, un experimentado corresponsal de guerra, y Alexis (sin foto para reservar su identidad), uno de los tantos jóvenes que espera sobrevivir en el frente", agregó en su improvisada crónica.

"Por la mañana, una señora nos trajo un poco de té para el desayuno, Sergio sacó un sándwich con un fiambre grasoso parecido al salame y me invitó uno, también me dio un huevo duro y saciamos el hambre que veníamos acumulando después de más de diez horas sin probar bocado", añadió.

"Cuando ya estábamos llegando a Kiev, Sergio miró por la ventana del tren, el sol nos pegaba en la cara. Y lanzó una frase que todavía resuena en mi cabeza: la primavera traerá sangre", lapidó el cronista.

Durante toda el jueves, el argentino recorrió la ciudad, siempre guiado por un "fixer" que lo traslada por territorio ucraniano evitando la mayor cantidad de los múltiples peligros que rodean la tarea del cronista de guerra. Se alojan en una vivienda alejada del centro, en un barrio residencial. Y se preparan para una nueva jornada, que comenzará bien temprano.

"Hace un rato escuchamos un tremendo estallido y salimos corriendo para ver qué había ocurrido, la respuesta era previsible: una bomba rusa había caído a menos de doscientos metros del búnker en el que estamos alojados, una especie de casa particular, transformada en refugio, ubicada en los suburbios de la capital", concluyó Ortega Zabala.