Tras la elección de los candidatos para las próximas elecciones, los políticos parecen más ocupados en defender sus intereses personales que en seducir al electorado. Tal es el caso de los funcionarios que no quieren dejar su cargo hasta no asumir como legisladores, por ejemplo el ministro de Defensa, Agustín Rossi. En la oposición, Facundo Manes o Lilita Carrió, entre otros, muestran sus rencillas internas sin el menor pudor.

La conformación de las listas fue recibida con satisfacción en el entorno del presidente Alberto Fernández. Consideran como triunfos que los candidatos que encabezan en la provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz, y en la Ciudad, Leandro Santoro, son hombres de su riñón.

Y también están contentos por los que no fueron. Particularmente señalan que resistieron la embestida para desplazar al Jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, al que quienes no lo quieren denominan “el librero”, en referencia a la librería que poseía. De este intento habrían participado tanto sectores del kirchnerismo como vinculados a Sergio Massa, según señalan amigos del primer mandatario.

En el entorno de Alberto sostienen que estas elecciones son importantes para el presidente porque al encabezar las listas sus candidatos, será plebiscitada su gestión. Y como esperan que gane (algo que está por verse) lograría una diferenciación con Cristina Fernández, que perdió todas las elecciones de mitad de mandato, potenciando en consecuencia sus posibilidades de reelección en 2023.

Parece muy prematuro hablar de las próximas elecciones presidenciales, pero un dato a tener en cuenta es que desde el kirchnerismo se siguen encargando encuestas para medir la imagen pública de Máximo Kirchner, según ha trascendido, mediciones que hasta el momento no arrojan resultados favorables.

Las dos miradas sobre la economía  

Lo que sí está cada vez más en discusión es la renovación de gabinete nacional que se avecina. Y el área que genera más expectativa es el ministerio de Economía. Por el momento no parece haber nada confirmado, pero en fuentes cercanas a la coalición gobernante se señala que Martín Redrado es impulsado por Sergio Massa como futuro comandante del Palacio de Hacienda, en tanto sectores del kirchnerismo e incluso en la Casa Rosada deslizan el nombre de Augusto Costa, actual ministro de Producción de la Provincia de Buenos Aires. Desde la provincia descartan esta versión ya que Costa es  un colaborador estrecho de Axel Kicillof y el gobernador no quiere perder gente de su equipo. De hecho, comentan que le costó desprenderse de su ministro de Salud, Daniel Gollán.

Preocupación

En tanto, la mayoría de la población está preocupada por la marcha de la economía, al tiempo que observa que los políticos que prometen “días felices o mejores” no han demostrado ser muy eficiente en esta materia.

La tarea de reconstruir la esperanza no será fácil. Es que el descreimiento de la gente no se circunscribe a la política, sino en general a las instituciones, incluyendo al poder judicial y los sindicatos.

La falta de registro, de empatía de la mayoría de la clase política con la sociedad a la cual supuestamente representa, tiene esta semana otra muestra: el escándalo de las visitas a Olivos.

En plena pandemia, cuando nadie podía ver ni siquiera a sus familiares más directos, el presidente Alberto Fernández y su pareja Fabiola Yánez recibían a amigos en Olivos para, por ejemplo, festejar sus cumpleaños. Por si esto sólo no fuera moralmente reprochable, algunos de los “amigos” presidenciales obtuvieron puestos en la administración pública.

Distintas encuestas de opinión pública muestran que la corrupción es uno de los temas que más preocupa a los ciudadanos. Llama la atención que así sea, sostiene un analista político, ya que más allá de algunos casos aislados, la actual administración no se caracteriza por haber sido denunciada por actos de corrupción.

Según este analista, la explicación debe buscarse en el no avance o de funcionarios acusados por estos delitos. Es decir, concluye, se percibe que la Justicia no funciona, otro motivo de desánimo. 

Hoy el descrédito alcanza a todas las fuerzas políticas al punto que los mayores niveles de imagen negativa se concentran en los dos principales referentes de la política, es decir Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri (67 y 56%, respectivamente, según Taquion).

Para algunos la crisis actual puede llegar a ser más profunda de la que el país sufrió en 2001/2002. En ese momento, el estallido del régimen de convertibilidad del peso con el dólar– derivó en un derrumbe económico –en el peor momento el PBI llegó a retroceder 18%-. Fue una crisis económica profunda e incluso provoco un rechazo de la mayoría de la sociedad hacia la dirigencia política.

La frase más escuchada era “que se vayan todos”. Sin embargo, no se fueron. Es que el  peronismo – y sus aliados – que mantenían cierto poder ayudados por un sector del radicalismo, tomaron las riendas del Gobierno.

Al asumir, Néstor Kirchner fue consciente de que la sociedad estaba muy golpeada y por esta razón comenzó a construir su poder a través de un mensaje de esperanza que pudo cumplir porque la economía ya estaba dando señales de cierta recuperación.

Las dos miradas sobre la economía  

En 1998 empezó la recesión pero solo 4 años después Argentina retomó el crecimiento. La actual crisis arrastra una situación de deterioro económico más persistente: desde el 2012 hasta el año pasado, el PIB fue negativo en 6 años, la pobreza supera el 40% y el desempleo fue en aumento.

Distintas miradas

Frente a la emergencia, en la coalición gobernante existen dos miradas. Por un lado, en el entorno más cercano al presidente Alberto Fernández creen que con el avance en la vacunación y el dinero que está inyectando el Estado para recuperar la economía, será posible salir adelante y que estos esfuerzos serán reconocidos en las urnas.

Pero hay sectores del kirchnerismo que están muy preocupados por la situación social sobre todo en la provincia de Buenos Aires.

La evaluación que se realiza en su círculo es que el Estado está razonablemente presente en los sectores más desprotegidos, pero que falta asistencia a la gran masa de población que está inmediatamente por encima de los que reciben planes.

Cabe recordar que la situación sigue siendo grave como lo revelan los datos referidos al consumo masivo que cayó 7,5% en el primer semestre del año en comparación con igual período de 2020, según los datos que maneja el especialista Guillermo Oliveto de la consultora W.

Resulta difícil saber cómo reaccionará la gente en las urnas, al final la elección se define en el cuarto oscuro, suelen decir los políticos. Y, recuerdan que el disgusto con la clase política llevó a que el voto en blanco o anulado fuera el 24% en 2001 y la abstención otro 24% es decir que los votos positivos representaron solo el 57% del padrón electoral. Uno de las formas de protesta era votar por Clemente el famoso personaje de Caloi.

Las elecciones difícilmente se ganan cuando la economía anda mal y a esto se suma una percepción de que en futuro las cosas no mejoraran.

En el 2001 el que se “vayan todos” era un grito de lucha, si “se van (los políticos) estaremos mejor”. Hoy lo que se escucha es un mensaje de resignación al decir “me quiero ir”. De acuerdo con el analista internacional Gustavo Segré, las consultas de empresarios argentinos para instalarse en Brasil son las más altas de al menos los últimos 30 años.

La economía en la mira

Con la presunción que el problema del suministro de vacunas contra el coronavirus se encuentra resuelto, en la Casa Rosada se presta cada vez más atención a la cuestión económica. Últimos datos que se manejan en el Gobierno han traído cierta tranquilidad, particularmente en lo que se refiere al repunte de la actividad económica y la desaceleración de la inflación, pero la marcha del dólar vuelve a inquietar a los funcionarios.

Los datos que el ministro de Economía, Martín Guzmán, le acerca al presidente Alberto Fernández muestran que mayo fue el peor mes, por las restricciones que demandó la pandemia, pero a partir de junio se observa nuevamente un repunte que, según indicadores adelantados, continuó en julio. Cree que el año arrojará un crecimiento de 8% en el producto bruto interno. En tanto, analistas privados ven difícil que se pueda llegar a un crecimiento del 8% “con suerte 7% del PBI”, afirman, y respecto de la inflación, los más optimistas esperan que cierre en torno al 45%.   

Si bien el segundo semestre del año significará una expansión del gasto público, las previsiones oficiales auguran un déficit fiscal del orden de 4%, es decir un desequilibrio relativamente controlado. A nivel oficial admiten que el retraso tarifario es un problema, pero confían en ir saliendo progresivamente del brete con el rebalanceo en el cuadro de las tarifas.

En el Palacio de Hacienda apuestan a que la inflación de julio terminó por debajo del 3%, dicen que fue 2,8%. De confirmarse, se trataría de la primera vez desde septiembre pasado que se perfora este piso. Proyectan que la inflación del año será 40%, objetivo difícil ya que debería bajar a un promedio de 1,7% mensual para lograr esta meta.  

De lo que no hablan es que en buena medida se logró con el retraso del dólar oficial (el ritmo de la devaluación representa sólo una tercera parte de la suba de los precios), de valores controlados y tarifas planchadas.

Pero estas tensiones quedarán postergadas para después de las elecciones. En lo inmediato, lo que sigue preocupando a los funcionarios es que, pese a las intervenciones oficiales, sigue firme la suba en los precios de los alimentos. En julio habrían subido 3,7%, según la estimación de Eco Go.

El dato no es menor porque va en contra del objetivo oficial de recomponer los salarios. A falta de mayores éxitos en el combate contra la inflación, se anticipa en fuentes oficiales que se apelará a una ampliación del crédito para fomentar el consumo, extendiendo los planes “Ahora”.

Los empresarios también prevén una mejora en la situación económica del segundo semestre del año, pero creen que será leve y manifiestan estar muy preocupados por la inflación, el nivel del dólar y la creciente presión tributaria, según reveló esta semana la encuesta de Expectativas de Ejecutivos de IDEA elaborada por D’Alessio Irol entre 250 ejecutivos de diferentes sectores de la economía.

Las dos miradas sobre la economía  

Un dato a tener en cuenta es que casi dos de cada tres directivos es pesimista respecto del segundo semestre. La encuesta muestra que 64% espera que la situación económica del país empeore, contra sólo 14% que prevé una mejora (22% considera que la situación seguirá igual). “Hay más un rebote que una recuperación” precisó a Data Clave un importante empresario.

Antes, con los gobiernos populistas, los empresarios nacionales traían dólares cuando el tipo de cambio estaba por las nubes para comprar activos regalados en la Argentina y luego venderlos caro cuando cambiaba la situación. Hoy no se ve ese posible giro y ese “miedito” es el que frena el ingreso de dólares, según la explicación del economista Carlos Melconian. A pesar de que Argentina está de “remate” en dólares, pesa más el temor por el futuro.

Este tema es el telón de fondo del rebote de los dólares alternativos de los últimos días que volvió a encender luces de alarma en el Gobierno, con el Banco Central vendiendo más de 300 millones de dólares en las últimas ruedas.

Un dato que juega a favor de las chances de contener las presiones sobre el dólar es que el agro aún tiene en stock más de 23 millones de toneladas de soja de la cosecha actual, de los cuales sólo el 20% está declarado para exportarse, según el economista Martín Rapetti. Hay incertidumbre acerca de lo que pasará con el 80% restante (si se venderá o se acopiará), que implica unos 9.200 millones de dólares.

Por el momento, lo cierto es que los analistas del mercado observan una creciente demanda dolarizadora proveniente no sólo de particulares que buscan cubrirse frente a la inflación y la incertidumbre pre electoral, sino también de empresas que aspiran a girar al exterior utilidades y royalties, entre otros conceptos. Todo indica que va seguir la pulseada entre el Banco Central y el mercado.