La primera criptomoneda que empezó a operar fue Bitcoin en 2009 y tuvo varios momentos de gloria:

Los jóvenes y la atracción por las criptomonedas

A fines de 2017 llegó a cotizar en USD 20.000. Luego, en plena pandemia llegó a valer USD 3.500. Y cerrando el 2021 tuvo su precio máximo por los USD 69.000. Pero la situación global cambió: la inflación comenzó a ser un problema, por lo que los bancos centrales comenzaron a subir la tasa de interés, afectando a todo el mercado.

La euforia vivida en la pandemia fue totalmente desmedida. Los bancos centrales habían inyectado una enorme cantidad de dinero, que propició subas espectaculares en los diferentes activos financieros, tales como acciones y criptomonedas.

La mayoría de las criptos tuvieron comportamientos de burbuja, con una manía especulativa total. Incluso, un montón de proyectos no tenían utilidad alguna.

Vale aclarar que detrás de las criptomonedas no hay un banco central, una autoridad financiera o un regulador. Por eso es tan importante su tecnología, especialmente la blockchain.

Estas características de fácil acceso y descentralización fueron las que permitieron semejante adopción en los jóvenes. Las criptos solo se pueden comprar, vender, guardar o intercambiar en formato digital y, pese a su intangibilidad, son un activo real en el mundo de las inversiones.

Además, pueden negociarse las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 365 días del año, lo que encaja a la perfección con el estilo de vida de los jóvenes.

Riesgos

Las criptomonedas no dejan de ser activos financieros que están expuestos al sentimiento general del mercado. De hecho, últimamente tienen una gran correlación con el mercado de acciones.

Hay que destacar que la volatilidad de las criptomonedas es altísima, en comparación a otros activos financieros, tales como acciones, bonos, monedas fiduciarias y commodities. Entonces hay que tener mucho cuidado, ya que es un mercado que no descansa y que tiene movimientos muy bruscos. Por eso, no es recomendable para perfiles conservadores.

Sin embargo, hay una posibilidad novedosa que brindan las criptomonedas. ¿A qué me refiero? A las stablecoins, que son criptos con paridad uno a uno con el dólar. O por lo menos, esa es su promesa. Hay distintos tipos dependiendo del respaldo que tengan. Las más conocidas son USDT, USDC, BUSD y DAI.

Las stablecoins permiten a los jóvenes acceder a las criptomonedas, sin estar atado a la fuerte volatilidad de las variaciones de precios. En caso de que alguien quiera pasar sus fondos a dinero fiat, la mayoría de las plataformas y los exchanges aceptan stablecoins para cambiarlas por dinero tradicional o por otras criptomonedas. Y también se utilizan para hacer trading de Bitcoin o Ether, por ejemplo.

Conclusión

El furor generado por la manía de las criptomonedas hizo que muchos jóvenes comenzaran a invertir. La facilidad de acceso durante la pandemia los motivó aún más. Además, como los precios no pararon de subir, se potenció el efecto.

Pero los árboles no crecen hasta el cielo. Bitcoin, la principal criptomoneda, cayó más de un 70% desde sus máximos. El resto sufrió caídas mucho peores. Millones de personas sufrieron pérdidas irremontables.

Por eso, los jóvenes deben aprovechar las bondades que brindan las criptomonedas, pero fundamentalmente tienen que entender los riesgos asociados, ya que la posibilidad de perder buena parte del capital es considerable. A invertir siempre con cuidado.

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