Hace unos pocos meses atrás, la Secretaria de Prensa Jen Psaki anunciaba en conferencia que “un cambio en la política hacia Cuba no está en las principales prioridades de la administración del Presidente Biden”[1], y con esto se vislumbraba que la administración Biden no alteraría el rumbo de la política exterior que Donald Trump implementó para con la isla.

Durante el mandato de Trump, Estados Unidos revertió varias de las políticas de gobierno que Barack Obama desarrolló con el objetivo de avanzar hacia una “normalización” de las relaciones bilaterales. Trump incluso incorporó a Cuba en la lista de países que auspician el terrorismo[2], así como también desplegó una serie de restricciones al envío de remesas hacia Cuba, el turismo y los intercambios culturales.

El paso del tiempo y las masivas manifestaciones ocurridas en Cuba solo propició unas leves declaraciones por parte del presidente Biden[3], quien en un comunicado le pedía a la dictadura cubana que “escuche a su pueblo y atienda sus necesidades”, dejando en claro así que la situación en Cuba realmente ahora no representa una prioridad de política exterior para Estados Unidos.

El hecho de que no haya habido hasta el momento modificación alguna en el esquema de sanciones y restricciones que Trump supo delinear en su paso por el gobierno, no parece indicarnos que Biden adoptará una postura determinada ante el aumento de la represión gubernamental cubana, que ya fue denunciada por organizaciones de Derechos Humanos por detenciones y desapariciones forzadas de periodistas y manifestantes[4].

Poniendo la situación en contexto, Estados Unidos se encuentra más preocupado por las consecuencias que traerá su retirada de Afganistán, el posicionamiento asertivo de China o un nuevo acuerdo con Irán respecto de su plan nuclear. Entonces, ¿qué políticas podrían abordarse, teniendo en cuenta que el agravamiento de la situación humanitaria cubana podría desencadenar mayores flujos migratorios?

Sin duda alguna, se debe diseñar una estrategia integral que explicite qué desea lograr Estados Unidos con determinado curso de acción, así como también deberá decidirse si se mantiene o si se redelinea un nuevo esquema de sanciones que logre lo que hasta el momento no se ha podido alcanzar: que sirva de ayuda al pueblo cubano…y que no debilite al gobierno norteamericano frente a las presiones domésticas.

En el campo de la promoción de la democracia y los derechos humanos en Cuba poco han podido lograr las sanciones y las restricciones de los últimos años, e incluso solo han servido para contribuir al relato oficial del partido comunista cubano, el cual sostiene que la intervención del “imperio” solo busca destruir los logros de la revolución, mientras que tienden lazos con Irán, Rusia y China.

El papel que estos países juegan en América Latina debe ser analizado con detenimiento, en tanto que dichos actores extrarregionales lograr explotar las debilidades económicas e institucionales de ciertos países de la región, como Cuba o Venezuela, para lograr avanzar en una estrategia de posicionamiento que les permita balancear la posición de Estados Unidos en el hemisferio.

La pérdida de interés de Estados Unidos respecto de esta situación particular que está viviendo Cuba termina afectando las capacidades de liderazgo norteamericanas, además de que contribuye a que otros actores extrahemisféricos puedan perseguir intereses nacionales que darán sustento material al régimen de Díaz-Canel, pero no redundarán en bienestar y libertad para el pueblo cubano.

Si el gobierno de Biden desea obtener resultados concretos que representen una mejora material inmediata para la población cubana, debe considerar de manera urgente una aproximación multilateral, en asociación con determinados países y organismos internacionales que despejen cualquier tipo de resquemor ante algún tipo de intervencionismo “imperialista”.

Este acercamiento deberá enfocarse en un planteo de asistencia humanitaria para dar respuesta a la crisis sanitaria que la pandemia de Covid-19 ha ocasionado y evitar que la política entorpezca la negociación y la consecuente implementación de dicha asistencia. Semanas atrás, en declaraciones a la prensa el presidente Biden ha dejado entrever la posibilidad de donar vacunas a Cuba a cambio de que la distribución no sea organizada por el gobierno[5], pero sin considerar momentáneamente un cambio en la política de las remesas.

Anexos

[1] Cuba policy shift ‘not a top priority’ for Biden, White House says, 10 de marzo de 2021. Miami Herald. Disponible en: https://www.miamiherald.com/news/nation-world/world/americas/cuba/article249826558.html

[2] State Sponsors of Terrorism, 12 de Enero de 2021. State Department. Disponible en: https://www.state.gov/state-sponsors-of-terrorism/

[3]Statement by President Joseph R. Biden, Jr. on Protests in Cuba, 12 de Julio de 2021.The White House. Disponible en: https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2021/07/12/statement-by-president-joseph-r-biden-jr-on-protests-in-cuba/

[4] Cuba Responds to Landmark Demonstrations with Brutal Repression, 14 de Julio de 2021. Human Rights Watch. Disponible en: https://www.hrw.org/news/2021/07/14/cuba-responds-landmark-demonstrations-brutal-repression

[5] https://www.reuters.com/world/us/us-has-contingency-plans-if-it-faces-mass-migration-by-sea-cuba-official-2021-07-15/