Como en cada 17 de Octubre, el peronismo salió a las calles a conmemorar el día en el que miles de obreros se organizaron espontáneamente en Plaza de Mayo para exigir la liberación del coronel Juan Domingo Perón, en ese entonces secretario de Previsión y Trabajo y el hombre responsable de haberle otorgado derechos fundamentales a los trabajadores.

A pesar de los esfuerzos de la Confederación General del Trabajo (CGT) y del Movimiento Evita por desmarcarse, finalmente el acto más convocante se dio en la histórica Plaza de Mayo, lugar al que llamaron a movilizar, La Cámpora, la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Camioneros y cientos de organizaciones políticas y sindicales que dijeron presente. "Unidad Nacional por la Soberanía con Justicia Social", fue la consigna.

La convocatoria provino de sectores que, si bien hoy integran el Frente de Todos, vienen marcando diferencias en la gestión del Gobierno nacional y los resultados económicos. En la hora de los discursos se escuchó a un Máximo Kirchner contestatario con algunas decisiones que tomó en el último tiempo el ministro de Economía Sergio Massa, con quien mantenía una luna de miel desde que forjó el vínculo en la Cámara de Diputados. "Las cerealeras, cuando tenían que ayudar a la Argentina, hubo que hacerles un precio especial", reclamó.

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Los organizadores de este 17 de octubre contaron con un clima primaveral de esos que gustan: sol radiante, sin nubes en el horizonte y con brisas de viento que refrescaban las caras de los militantes que encabezaban las columnas y portaban las enormes banderas que daban cuenta desde qué lugar de la Argentina llegaban. Sobresalieron banderas de La Matanza, movimientos sociales, sindicales y grupos autónomos. A lo lejos, raramente, se vieron algunas banderas de La Cámpora, que esta vez no coparon el frente del escenario y se hicieron a un costado. Antes que social y político, el acto fue con una fuerte impronta sindical.

El acto no falló en términos cuantitativos, pero sí cualitativos. No se mostraba alegría, pero sí un dejo de esperanza con un Gobierno que, ya transcurridos los tres años de gestión, sigue sin encontrarle el agujero al mate. "Que lindo es escucharlos cantar con esperanza", decía Máximo Kirchner durante el acto al que también asistió el gobernador bonaerense Axel Kicillof, que llegó con la noticia de que otorgó un 18% de aumento extra a trabajadores estatales, totalizando una paritaria superior al 90% en 2022, algo que fue reconocido públicamente por los gremialistas Hugo Yasky y Hugo 'Cachorro' Godoy. "Hay que tener coraje y voluntad política para tomar estas decisiones", valoró el dirigente gremial que hoy ocupa una banca en la Cámara baja.

Las columnas de las agrupaciones se iban acercando a Plaza de Mayo cerca de las 15 horas para presenciar el acto en un escenario montado a la mitad de la plaza y no cercano a las rejas de la Casa Rosada. El humor de los changueros no era el mejor. Si bien el movimiento de gente era grande como cualquier convocatoria, el dinero no circulaba por la calle. El choripán cotizaba entre $500 y $700 y una bondiolita superaba los $1.000. Una gaseosa de medio litro se vendía al grito de $400 y las aguas no bajaban de los $200. "Esperábamos que sea un poquito más. Pero bueno... Es algo antes que nada", le manifestaba a este medio una chica que tenía su puestito de chori y hamburguesas y que apostaba a hacer un diferencial para el mes. Contaba también que hoy no tiene proyecciones de futuro: apenas sale para salvar el día, comprar comida para poder cocinar y pagarle a la niñera que le cuida a su hija mientras ella está en la calle. Según sus cálculos, necesitaba hacer unos $100.000 para recuperar lo invertido y quedarse con un 20% de excedente.

Otro hombre que vendía pilusos de clubes de fútbol, bandas de rock y consignas vinculadas al peronismo insinuaba el mismo malestar. "Me tuve que empezar a mover por varias esquinas porque esta todo muy tranquilo. Está distinto a otros años, no está pasando nada", comentaba, mientras intentaba vender su mercancía que no bajaba de los $1.000 por unidad, dependiendo el modelo y la calidad. En la marcha también había columnas del movimiento Somos Barrios de Pie, que hoy tiene como uno de sus máximos referentes a Daniel Menéndez, funcionario dentro del ministerio de Desarrollo Social que hoy conduce Victoria Tolosa Paz. En esa cartera funciona el plan Potenciar Trabajo, que representa la mitad de un Salario Mínimo, Vital y Móvil para beneficiarios que tienen que hacerle a cambio una contraprestación al Estado. Con el aumento previsto para noviembre, la cifra será de unos $28.950.

Los dirigentes que encabezaron el acto no negaron la crisis, todo lo contrario. Antes de los discursos, se leyó un documento consensuado que lo representó Vanesa Siley, secretaria general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Judiciales, diputada nacional y una de las dirigentas impulsadas por este sector oficialista para que ocupe el ministerio de Trabajo que dejó Claudio Moroni y se terminó quedando la porteña Kelly Olmos por decisión exclusiva del presidente Alberto Fernández.

"La unidad nacional solo será duradera en el tiempo si se construye con el pueblo como protagonista a través de sus organizaciones y deberá asentarse esencialmente en la búsqueda del bien común por el camino de la paz hacia la conquista plena de la Justicia Social", decía el comienzo del discurso, mientras luego planteaba una serie de puntos como la restauración del rol del Estado como planificador de la economía, la exigencia de un aumento salarial de suma fija y un ingreso familiar de emergencia para paliar la crisis económica. Esta última es una petición exigida centralmente por la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) que lidera Juan Grabois, que también dijo presente en el acto.

El acto fue convocante, pero el clima que reinó fue la dispersión. Los camioneros hacían sonar sus bombos a contramano de los discursos, los dirigentes reiteraron en varias oportunidades que las columnas bajaran las banderas para que todos pudieran ver el acto y hubo momentos en los que se pidió asistencia médica para manifestantes que se descompensaron. Una imagen particular que se vio en la Plaza, casi como una suerte de paradoja, fue que las fuentes más cercanas a la Casa Rosada se encontraban sin agua. De todos modos, el clima fresco y cambiante -en línea con la dirección política del Gobierno- no daba lugar para descalzarse y meter las patas en la fuente que hoy son imagen de muchas remeras de los militantes.

Foto: Data Clave

Aún con un clima poco carnavalero con el que tanto se caracteriza al peronismo, la convocatoria en Plaza de Mayo dejó en evidencia a una CGT y Movimiento Evita que hoy siguen haciendo Randazzismo sin (Florencio) Randazzo y discuten más de política que de gestión. "Piden bancas y cuando hay que votar contra los fondos buitres no aparecen", reclamó Máximo Kirchner, en referencia a la central obrera y el lanzamiento de su nuevo partido político-sindical para discutir candidatos en 2023. El tiempo -y la suspensión o no de las PASO- dirá si esta jugada de la central obrera terminará dando sus frutos.

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Los lavados y retóricos conceptos discursivos contra el neoliberalismo, la concentración económica y la vuelta de la derecha al poder no penetraban en las fibras de un peronismo que aumenta su capacidad de resiliencia a niveles insospechados. El cántico que generaba efecto-contagio y sí despertaba la voz de todos los espacios era "Cristina presidenta". Ni las estrofas del himno nacional fueron tan potentes como el pedido de que la máxima líder del movimiento peronista en el siglo XXI vuelva al juego y tenga un "tercer tiempo" y opaque el segundo que propone un Mauricio Macri "relodead" con ajuste acelerado y un paquete de medidas igual o más ortodoxo que el que aplicó en 2015.

Máximo terminó su discurso con el pedido de unidad y automáticamente las filas desconcentraron la Plaza de Mayo para agruparse en los colectivos, micros y combis y emprender la vuelta a los distritos-comunas de cada localidad. El cierre de otro 17 de Octubre peronista dejó un saldo de unidad a medias, reclamos inconclusos, vacilaciones de dirigentes y una gran cantidad de patas que desde 2019 no pueden refrescarse en las fuentes vacías de un Gobierno que no logra cumplir con el contracto electoral. Hay una única certeza: el peronismo de la calle, aún en su gran estado de vulnerabilidad y con cierto tono de retirada, levanta las banderas y sueña con un imposible para 2023.