El insólito caso se remonta al año 2017, tras la denuncia de la Asociación de Descendientes Indígenas contra un reconocido anticuario y expositor de arte cordobés. Se lo acusó de tener presuntamente bajo su posesión más de 200 piezas y fragmentos arqueológicos.

Tras un operativo policial y varios allanamientos, se secuestró una importantísima cantidad de piezas y objetos antiguos. Entre los elementos había objetos cerámicos y de jade de Costa Rica, pero la investigación determinó que se trataba de objetos "no arqueológicos" inscriptos ante el Registro Nacional de Yacimientos, Colecciones y objetos Arqueológicos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano.

Según se desprende de la causa, los informes técnicos determinaron que la colección arqueológica precolombina de cerámica y colgantes de jade de Costa Rica “es falsa”.

En su voto, el camarista federal Ignacio María Vélez Funes –al que adhirió su colega Eduardo Avalo- determinó que los objetos debían ser devueltos al coleccionista por “no formar parte del acervo cultural de la Nación, ni se hallan protegidos por la legislación” que rige en el país.

“Además, al ser réplicas, es decir, imitaciones de originales de elementos arqueológicos de origen extranjero, carecen de valor cultural, por lo que su reintegro resulta procedente", concluyó la Cámara Federal de Córdoba.