El resultado del balotaje presidencial cayó como una bomba en el ámbito político en general. La victoria del líder libertario, Javier Milei, estaba dentro de las posibilidades, pero la diferencia conseguida fue un baño de realidad, para propios y ajenos. Arrancar una gestión con más del 55% de validación y casi 12 puntos de diferencia es un apoyo incontestable para la gestión que comenzará el 10 de diciembre.

Se estudiará durante años el fenómeno libertario en la Argentina y el ascenso meteórico de quien hasta hace 3 años era un reconocido economista, pintoresco por sus histriónicas apariciones en TV. En 2021 fundó La Libertad Avanza y llegó al Congreso, para dos años después ser coronado presidente, en un hecho sin precedentes. Pero no lo hizo solo. 

En el último tramo de su campaña tuvo un envión final clave, de la mano del máximo dirigente de la oposición, aún cuando los propios quisieron correrlo de la escena. El expresidente Mauricio Macri selló un pacto con Milei 48 horas después de las generales para darle la espalda necesaria para afrontar el balotaje. El gesto fue simbólico pero también fáctico: no solo le sumó volumen político y votos, sino que le aportó fiscales, fundamentales para garantizar el resultado final.

La misma noche del triunfo, Javier Milei se reunió con Mauricio Macri y Patricia Bullrich para delinear lo que viene.
La misma noche del triunfo, Javier Milei se reunió con Mauricio Macri y Patricia Bullrich para delinear lo que viene.

Pero hay que ir más atrás para entender la dimensión de la gesta de Macri. El fundador del PRO no resignó nunca su conducción, pese a decir incontables veces en público que no quería cargos. Desde mediados del mandato de un Alberto Fernández en caída libre se sabía que el candidato natural de Juntos por el Cambio era Horacio Rodríguez Larreta. Tras 8 años al frente de la jefatura de gobierno porteña sin sobresaltos y todo el aparato estatal en favor de la campaña, era el número puesto. Pero el “killer” dijo no.

Macri creó una interna innecesaria que mató dos pájaros de un tiro: primero puso a batallar a una representante de los “halcones” pura como Patricia Bullrich, macrista de pura cepa que fidelizaba al 100% su mirada; pero también echó por tierra las aspiraciones del radicalismo de tener un candidato propio. Y el resultado de las primarias fue elocuente: Bullrich arrasó y el expresidente volvió a salirse con la suya.

Pero hubo más: tras las PASO, sus gestos fueron ambiguos y mostró cierta simpatía con Milei, entonces el candidato más votado a nivel nacional. Eso volvió a genera cuestionamientos a su figura y tuvo que salir a calmar las aguas con apoyo explícito a su figura. Pero el daño ya estaba hecho. Bullrich llegó casi sin nafta a la primera vuelta y quedó fuera de la definición. Días antes, había amagado con tener un liderazgo propio. Ya no sucederá.

Macri creó una interna innecesaria en el PRO para que no gane Larreta, aunque luego tampoco fue enfático a favor de Bullrich.
Macri creó una interna innecesaria en el PRO para que no gane Larreta, aunque luego tampoco fue enfático a favor de Bullrich.

Así se llega al balotaje, donde en la previa mantuvo un cruce feroz con el presidente de la Unión Cívica Radical, Gerardo Morales, que incluyó amenazas de carpetazos. Con el diario del lunes, ese intercambio envejeció muy mal para el de la UCR, en un oficialismo que fusionará libertarios con el PRO, al menos el sector más duro. Incluso los socios de Larreta como Diego Santilli se acercaron en el último tiempo. El radicalismo es el otro gran perdedor de la elección.

Macri volvió a mostrar su hambre voraz de poder y quedó en el centro de la escena, por más que no lleve las riendas del gobierno. Su apoyo fue esencial y su figura será de referencia permanente. Incluso fue mencionado con énfasis en el discurso de Milei, junto con Bullrich. El resultado del domingo y el derrotero previo confirma el vuelo de los halcones por sobre las palomas.

Y esto tendrá un ordenamiento claro hacia abajo. En efecto, ya comenzaron las negociaciones y las reuniones en el PRO bonaerense para reordenar a la tropa. Días antes del balotaje se reunieron los intendentes en La Plata, donde entre los salientes ya hay un grupo que pica en punta para tomar las riendas. Martín Yeza (Pinamar) y Néstor Grindetti (Lanús) se sumarán a Cristian Ritondo, en una línea que tendrá representación en el Congreso y peso territorial. Ahora además, avalado por un alineamiento con Milei. Los tres fueron de los pocos que se manifestaron a su favor antes de la segunda vuelta.

Ritondo será uno de los líderes del PRO, con peso en el Congreso y la provincia de Buenos Aires, pero alineado al nuevo tándem Milei-Macri.
Ritondo será uno de los líderes del PRO, con peso en el Congreso y la provincia de Buenos Aires, pero alineado al nuevo tándem Milei-Macri.

También ganarán en valor los gobernadores de Juntos por el Cambio, que son una decena y que en su mayoría se manifestaron prescindentes en la previa a la segunda vuelta, pero que se alinearán rápido. En sus provincias arrasó Milei, pero además, la presencia del PRO adentro hará que hasta los radicales se vean forzados. Por caso, la Mendoza de Alfredo Cornejo se erigió como el respaldo más fuerte al liberal. No tendrá mucho margen de maniobra.

Será también, claro, un sector referenciado en Mauricio Macri, que no dejará tierra sin su huella. El predador ya demostró no tener mayores reparos en correr del medio a uno de los propios si se pone en su camino. Y el mensaje es a los de afuera también, que lo subestimaron y lo dieron por muerto tras la contundente derrota del 2019. Así como el propio Macri erró su diagnóstico al creer que el kirchnerismo “no volvía más”, ahora su presunto ostracismo le jugó a favor para digitar desde las sombras. Y descabezar palomas, halcones y tigres por igual.