No fueron sólo dos. Investigadores del atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sospechan que Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte forman parte de un grupo más amplio, aunque aún se desconoce la magnitud o alcance de sus vinculaciones.

Fuentes consultadas por Data Clave dijeron además que en el ataque hubo premeditación, ya que se está trabajando para corroborar que la pareja estuvo en los días previos en el domicilio de CFK, convertido en lugar de peregrinación de los militantes del kirchnerismo, luego de que el fiscal Diego Luciani pidiera para ella 12 años de prisión.

"No estaban solos", asegura la fuente que sigue de cerca el caso. La sospecha es que el grupo de amigos de la pareja que apareció el viernes último al mediodía en un reportaje por Telefé pudo tener algún grado de participación en la planificación del hecho.

En esa entrevista, ella dijo que no sabía que Fernando tenía un arma, que hacía dos dos días que no lo veía, que convive con él hace un mes y que era un buen muchacho, cariñoso que le hacía bromas.

Fernando posa con la pistola Bersa, meses antes del ataque.

Por lo que se sabe ahora todo eso es mentira. Las fotos que se extrajeron de la tarjeta de memoria del celular de Sabag Montiel que lo muestran posando con la pistola Bersa 32 que usó en el ataque son de varios meses atrás. Ella también aparece en una foto con el arma en la cintura.

Al ser indagados anoche con las nuevas evidencias por la jueza María Eugenia Capuchetti los dos adoptaron diferentes estrategias: él se volvió a negar a declarar, mientras que ella negó estar involucrada en el hecho. Durante una indagatoria el acusado no tiene la obligación de decir la verdad.

Durante el reportaje de Telefé, Brenda se presentó como Ambar y tenía un gorro negro que le cubría el pelo. Durante las apariciones televisivas anteriores en las que se presentaba como una inocente vendedora de copos de azúcar que trabajaba y estaba en contra de los planes sociales tenía el cabello bordó. Cuando la detuvieron el domingo a la noche ya era rubio.

En esa entrevista grupal Brenda/Ambar se queja de que durante el allanamiento en la casa de su novio se habían quedado con sus cosas y que no podían trabajar. Uno de los amigos, de campera de cuero blanca, dijo que los estaban amenazando y que no integraban un grupo terrorista.

Y eso es lo que se ahora se investiga: si ese esforzado grupo de vendedores de copos de azúcar -supuesto emprendimiento del muchacho de campera blanca- son sólo eso, o además participaron del ataque contra la vicepresidenta junto a la pareja detenida. También se debe precisar si ese grupo tiene otras vinculaciones o termina allí.

“Ahora se está trabajando sobre la reconstrucción de los días previos”, confirma la fuente consultada y precisa: “Sobre el carrito de venta de copos en los días anteriores en la zona de la casa de Cristina”.

Es que el famoso carrito de venta de copos de nieve era el que Brenda y Fernando tenían sobre la calle Corrientes cuando aparecieron en una entrevista televisiva con Crónica, para hablar en contra del Gobierno. Fernando también había aparecido en el mismo canal para criticar a Sergio Massa en Tigre, cuando asumió como ministro de Economía.

“Se está analizando cualquier cantidad de material, y registro fílmico, cámaras privadas, de la Ciudad, videos aportados por vecinos, militantes que estaban ese día y en días previos”, indica el informante.

Pese a los traspiés que hubo con los teléfonos, finalmente el celular Samsung de Fernando Sabag Montiel aportó las fotos con la pistola y los proyectiles que fueron secuestrados en el departamento que ocupaba en San Martín. El martes, a las 20 se terminó de aplicar el software UFED sobre el celular de Brenda.

Los expertos de la PSA también trabajan en los teléfonos de otros cuatro amigos, que se presentaron ante la jueza y los entregaron en forma voluntaria. Son los mismos amigos que aparecieron en la entrevista de Telefé.

Se sospecha que las fotos de Fernando con la pistola se filtraron el martes a la tarde desde el juzgado al diario Clarín y desde la Policía Federal al sitio Infobae. El diario había sembrado dudas sobre el arma, al afirmar que no había huellas del atacante. A la postre, se confirmó que eran premisas falsas, ya que se hallaron registros de ADN en varios lugares de la Bersa. La doble filtración pudo haber sido la forma de tratar de frenar las operaciones de esos medios opositores al gobierno.