Es un hecho que la cosecha de trigo, que se termina de levantar en marzo, llegará apenas a los 12,4 millones de toneladas, contra el récord de 22,1 millones de la campaña anterior.

El ministro de Economía, Sergio Massa, celebró el domingo pasado que llegará a 14,9 millones, ya que sumó 1,5 millones de stock, lo que garantizaría el mercado interno.

Sin embargo, esta pérdida en la cosecha, producida por la persistente sequía y las heladas tardías, hicieron también que se retrase la siembra de maíz y soja por la “falta de piso” .

Según un cálculo hecho recientemente por el IERAL las exportaciones agrícolas serán, en el mejor de los casos, aunque poco probable, US$ 1.600 millones menos que en el presente año, pero la pérdida podría llegar hasta US$ 10.400 millones.

Con los precios que se manejan en los mercados de futuros, en el escenario moderado las exportaciones, el que tiene mayores probabilidades que se produzca, tendría un valor de US$ 36.400 millones, “con una caída de US$ 6.600 millones respecto a las del ciclo previo”, dijo la casa de estudios económicos de la Fundación Mediterránea.

El campo enfrenta un 2023 entre la incertidumbre del clima y las políticas públicas

En este marco, Renato Falbo, miembro del board asesor de ADBlick Granos, consideró “pretencioso poder hablar del futuro, no solo en Argentina sino a nivel internacional”.

“En base a la información que manejamos, es posible afirmar que el próximo año, estará marcado por la volatilidad en lo que tiene que ver con los commodities. La mala noticia es que no se ve una suba de precios repentina. La buena, es que tampoco se ve una baja”, dijo Falbo en la reunión de fin de año del consorcio agrícola.

Al cerrar el encuentro, Falbo concluyó que tenemos todo el 2023 por delante para definir nuestras estrategias. “Nos queda un año que parecería que va a ser similar a lo que vivimos hasta hoy. Yo sigo creyendo que no va a haber devaluación porque el gobierno es consciente de la falta de poder político que tiene y eso sería rifar el poco que les queda”.

“Lo que sí puede pasar es que la brecha se mantenga entre el 80% y el 100% y para eso si trabajan. Saben cómo hacerlo. Nos acostumbramos a hablar de la brecha, aunque sea una locura”, aseguró el empresario agrícola.

De manera coincidente, en su último informe sobre el programa financiero argentino, el Fondo Monetario Internacional (FMI) manifestó sus “reservas” por los diferentes tipos de cambio, lo que no habilitaría a un “Dólar Soja III”, que implican devaluaciones parciales .

Mientras Falbo trazaba este panorama, se conoció el limitado impacto que tuvo “la compensación” a los productores de soja y maíz que ingresaron en distintos programas promocionales.

El Gobierno vislumbraba un universo de 19.000 productores alcanzados, pero se anotaron 7.000. De ese número, según indicaron, finalmente quedaron 1.754. El resto no cumplía con los requisitos. Un 30% había vendido durante el dólar soja, cosa que no debía haber ocurrido para inscribirse, y otro tanto tenía más de la superficie requerida, entre otros puntos observados.

Massa, había prometido estas compensaciones para los productores que no habían participado en el marco del Dólar Soja I por no tener mercadería para vender. En esa oportunidad reconoció un tipo de cambio a $200. En tanto, el actual, el Dólar Soja II, es por $230.

La compensación se estableció para los productores de hasta 400 hectáreas de soja y 100 del cultivo de maíz. Se lanzó para cubrir el 40% del gasto en fertilizantes y semillas de esos productores. El 12 de noviembre último se anunció un fondeo de $15.000 millones, lejos de los $42.000 millones que se comentó en un primer momento.

Según indicaron, el monto que queda respecto de los $15.000 millones estipulados se usarán para otras ayudas vinculadas con la actividad.