Tras protagonizar una campaña marcada por excentricidades, contradicciones y un apurado pacto con Mauricio Macri, el candidato a presidente de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, enfrenta la segunda vuelta con la esperanza de captar el grueso del electorado de Juntos por el Cambio y alzarse así con la Presidencia de la Nación.

Recluido en el porteño Hotel Libertador -donde permanece desde su derrota en la primera vuelta electoral frente a Sergio Massa y que volverá a ser su búnker de campaña-, Milei concentró sus últimos esfuerzos en seducir a los electores que optaron por Patricia Bullrich en los comicios del 22 de octubre, mutando su tono discursivo y desandando algunos ejes centrales de su propuesta.

Luego del último debate presidencial que no lo dejó muy bien parado, Milei buscó contrarrestar ese escenario agitando el fantasma de un posible fraude en los comicios, sin presentar pruebas, ni denuncias concretas ante la justicia electoral. 

El libertario, en los medios, dio marcha atrás con muchas de las propuestas sostenidas en el primer tramo del proceso electoral: negó tener intenciones de privatizar la salud y la educación públicas, impulsar la libre portación de armas y la venta de órganos, entre otras iniciativas.

El dirigente de extrema derecha sufrió un fuerte impacto cuando, luego de su sorpresiva y contundente victoria en las PASO, en las que fue el candidato más votado del país con el 30% de los votos, cayó en la primera vuelta frente al actual ministro de Economía, quien lo superó por casi siete puntos porcentuales.

Luego de su alianza con Macri y las denuncias de fraude, Milei enfrenta su primer gran desafío

El traspié electoral y el cambio de escenario obligaron a Milei a reconfigurar su estrategia y, en ese camino, consiguió el auxilio de Mauricio Macri, con quien selló un apurado pacto que incluyó la promesa del expresidente de aportarle un ejército de fiscales para controlar el balotaje. Ese acuerdo provocó un sismo en Juntos por el Cambio (JxC), incluso en el PRO y en la propia LLA, donde un considerable número de dirigentes y legisladores electos marcaron distancia.

Buena parte del radicalismo salió a militar la derrota del libertario a pesar de la postura de "neutralidad" que, al igual que la Coalición Cívica y otros socios menores en JxC, adoptó orgánicamente el centenario partido de cara al balotaje. Por caso, el gobernador de Jujuy y titular del Comité Nacional de la UCR, Gerardo Morales prometió que haría “todo lo posible para que no gane Milei”, una decisión que siguió buena parte de sus correligionarios.

Así, Milei moderó el perfil disruptivo y confrontativo de su mensaje, privilegió la idea de "terminar con el kirchnerismo", antes que su proclama "anticasta" y reemplazó la motosierra -que utilizó en buena parte de la campaña como símbolo del fuerte recorte fiscal que piensa ejecutar si llegara a la Rosada- por la bandera argentina.

Foto Ramiro Gmez
Foto Ramiro Gmez

El libertario también dio marcha atrás con muchas de las propuestas sostenidas en el primer tramo del proceso electoral: negó tener intenciones de privatizar la salud y la educación públicas, impulsar la libre portación de armas y la venta de órganos, entre otras iniciativas.

Milei esperará el resultado de lo que -se prevé- un reñido balotaje en su bunker del porteño Hotel Libertador, de Córdoba al 600, el mismo sitio que eligió como comité de campaña para las PASO y la primera vuelta electoral.