(De la redacción de DATA CLAVE) Sin dudas uno de los golpes más fuertes que va a provocar esta prolongada cuarentena va a ser en el empleo. "El golpe sobre la economía es muy duro; la pobreza, el desempleo y la destrucción de empresas van a empeorar", dijo esta mañana la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco marcando el impacto del COVID.

Un informe de la consultora Invecq, asegura que durante este 2020 se podrían perder un millón de empleos entre los formales e informales. Según el estudio, durante este año esta pérdida de trabajos llevaría a la tasa de desempleo desde el 9,8% promedio del año 2019 a la zona del 15% de desocupación para los próximos meses.

En el mes de abril, y según las estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo, se contabilizaron ya 364.000 puestos de trabajo registrado menos que en el mismo mes del año pasado. Esta cifra implica una caída del 3% en la cantidad de trabajadores registrados e implica la contracción del empleo más importante desde la gran depresión argentina de 2001-2002.

Al igual que con el resto de los indicadores de actividad económica, la característica central de este proceso recesivo es la rapidez con la que se deterioraron las variables. Mientras que, en diciembre de 2019, el empleo total mostraba una pérdida de solo 34.000 puestos de trabajo, cuatro meses después la destrucción de empleo se multiplicó por 10.

Según el informe, la modalidad de empleo más castigada fue la de los asalariados en relación de dependencia del sector privado, cuya contracción relativa al mismo mes del año pasado fue del 5,3%, lo que implica una destrucción de 322.000 asalariados. Como puede observarse en el siguiente gráfico, desde el año 2011 el mercado laboral formal ha perdido dinamismo y muestra una tendencia de claro estancamiento. Desde mediados del año 2018, crisis de balanza de pago mediante, se registraba una destrucción de empleo de entre el 2% y el 2,5% interanual.

 

Gráfico de la consultora Invecq en base a las fuentes del Ministerio de Trabajo

 

Durante el primer trimestre del año, y con el mes de marzo afectado solo en los último 10 días por el aislamiento social, la tasa de caída de la cantidad de asalariados formales se había acercado al 3% y en el mes de abril se profundizó hasta el 5,3%, una caída de la cual no había registros desde mediados del año 2001. En términos absolutos la destrucción de empleo asalariado ya se encuentra muy cercana a los niveles de aquella depresión, pero hay que tener en cuenta que el tamaño del mercado laboral hoy es considerablemente mayor. El peor momento de aquella crisis en términos de empleo fue el segundo trimestre del 2002 cuando se registraron 470.000 asalariados menos que un año antes. Ese número no está tan lejos de los actuales 322.000 y que seguramente irán en aumento a medida que se conozcan las estadísticas de los meses de mayo, junio y julio. Sin embargo, en términos relativos la caída aún es de aproximadamente la mitad.

Según Invecq, en términos sectoriales, la destrucción de puestos de trabajo en la Construcción es la más pesada hasta el momento, al registrar 128.000 empleos menos que en abril de 2019. La industria, por su parte, registra 46.000 puestos de trabajo menos, seguida por el sector comercial (-36.000) y el hotelero y gastronómico (-30.000). Un análisis geográfico simple señala que el impacto es difundido en todo el país. Sin embargo, cabe destacar que los distritos con peores caídas son San Juan, Tierra del Fuego, Mendoza, San Luis, Misiones, Santiago del Estero, Catamarca y Capital Federal, todos con tasas de pérdida de asalariados formales superiores al 6% interanual.

Con respecto a los meses venideros, el estudio de la consultora evalúa que parece difícil encontrar elementos que puedan generar una rápida recuperación de la economía local. "En términos de mercado laboral, no debería extrañarnos continuar viendo tasas fuertemente negativas en los próximos meses. Aun cuando las medidas de aislamiento se levanten o se flexibilicen, permitiendo que la oferta vuelva a estar disponible, la debilidad de la demanda (como consecuencia de los ingresos no generados en todos estos meses) se hará notar, al mismo tiempo que alguna parte de la oferta no volverá a estar en actividad, como consecuencia de las quiebras y cierre de empresas que estamos observando en los últimos meses", resalta.

Además, el informe considera que a reglamentación oficial que prohíbe los despidos puede terminar generando peores consecuencias sobre la economía agregada y el mercado laboral. "Una empresa obligada a sostener su estructura de costos laborales durante un largo período de inactividad o actividad reducida pierde la capacidad de adaptar sus costos a sus niveles de facturación generando problemas de sostenibilidad y pudiendo provocar la quiebra de la empresa. Una empresa quebrada, obviamente, implica de forma automática la destrucción de todas las relaciones laborales pre-existentes; consecuencia que sería evitable con un contexto de mayor flexibilidad donde la empresa pueda readaptar su estructura para mantenerse durante el período de reducción de la actividad y reincorporar a los empleados suspendidos o despedidos en un futuro cercano", remarca.