Un mercado cambiario con restricciones a la compra de divisas en su cotización oficial y una consecuente brecha, requiere que el banco central tenga un esquema de doble objetivo del tipo de cambio. Así como tiene una clara política de mini devaluaciones diarias en el tipo de cambio oficial que se opera en el MULC, sería deseable que tenga un objetivo de tipo de cambio en el dólar MEP-Contado con Liqui. Operando sobre el mercado de bonos, el BCRA podría orientar esa cotización paralela estableciendo un objetivo de brecha cambiaria que borre incentivos de arbitraje que generan pérdidas de reservas.

En simultáneo, es necesario dar marcha atrás con una serie de restricciones que bloquean el acceso al dólar MEP-Contado con Liqui, y que engordan el mercado clandestino donde se fija el dólar blue. El riesgo mayor de dicha política es que el dólar blue, donde el Estado no tiene herramientas claras de intervención, se transforme en un dólar de referencia. Ese “libre mercado ilegal de cambios” puede ser una fuente de elevada incertidumbre que fruste los intentos de establizar la macroeconomía argentina. La reducción de restricciones para acceder al dólar paralelo legal, acercaría la cotización del blue a la del contado con liqui-MEP, permitiendo una política de intervención del central para orientar la brecha.

De esa manera, se facilitaría fijar un impuesto país que elimine el desfasaje entre el dólar “ahorro” y el blue, evitando incentivos  la compra de dólar minorista. También facilitaría eliminar el “parking” de cinco días en los títulos para la venta de dólares, incrementando la oferta de dólares en el mercado paralelo. Los costos en reservas de la intervención en el paralelo, deben ser ponderados con las pérdidas de reservas que genera el actual desmanejo cambiario y el hecho de que la compra de bonos en dólares para bajar su cotización paralela, reduce los compromisos de pagos de deuda futura para el Estado.

Devaluación, tasas y pérdida de reservas

El desmanejo cambiario se ve agravado por una  política de devaluación oficial descoordinada con la política de tasas. Desde abril, los aumentos del dólar oficial han ido por encima del propio ritmo de aumento de los precios pasando de una política de “crawling peg” a un “crawling peg + 10%” como se observa en el gráfico de Tipo de Cambio y Precios. Ni las tasas de plazo fijo ni aquellas que acompañan al UVA/CER igualan el rendimiento de la devaluación que apunta de ser un 40% anual.

Devaluación, tasas y pérdida de reservas

Dado que el mercado de exportaciones agropecuarias está fuertemente financiarizado y apalancado, el único incentivo a las ventas está dado por la necesidad de cubrir un pago ya que si se apuesta a su valorización financiera, conviene demorar la venta lo máximo que sea posible.

Dicha descoordinación entre la política cambiaria y de tasas genera también incentivos para el pago anticipado de importaciones. Adicionalmente, la permanente devaluación por encima de la inflación frustra la oportunidad de desacelerar su ritmo, por lo que sería relevante encontrar la coordinación con las tasas financieras mediante una reducción del ritmo de devaluación oficial, mientras se interviene en el paralelo para acortar la brecha.